Viernes, 26 de noviembre de 2010


?Esas fotos en blanco y negro, las personales en particular, me entristecen. Reacci?n relativamente normal. Lo desconcertante es que sean las m?s recientes las que agudicen ese sentimiento de a?oranza, hasta el punto de quitarme el habla durante d?as. No puedo evitar verme 40 a?os mayor, echando de menos el presente.
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Renato Llerena acerc? la taza a sus labios, pero no lleg? a sorber el caf?, ?nicamente inhal? su aroma. Era un placer infantil que se le hizo costumbre. No recordaba haberlo bebido nunca. Renato prosigui?
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?40 a?os mayor, lejos de este presente, de estos d?as pr?ximos que a?n no he vivido y que habr?n pasado de m? sin darme apenas cuenta. ?Por qu? cuantos m?s a?os tengo todo se hace cada vez m?s fugaz! Mi ni?ez dur? algo cercano a una eternidad; la adolescencia, menos de lo que hubiese querido. El resto se parece a un recuerdo ajeno, a las an?cdotas de un amigo.
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Mir? a sus tres colegas, con quienes se reun?a todos los jueves en el caf? Cordano. Desde un principio, acordaron que en cada sesi?n s?lo uno tomar?a la palabra. Ten?an otros grupos para conversar. Renato prosigui?
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?Estoy casi seguro de que tiene que ver con la concentraci?n. A mis 37 a?os he remplazado la edad por la relatividad del tiempo y es indiscutible que fui ni?o hace uno o dos d?as. Y es porque ahora no me concentro en el presente. Mis acciones las realizo pensando en el pasado y en el futuro, en el por qu? y para qu?, y lo que hago no dura, no se ensancha en el instante.
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Su mirada contempl? la nada y el brillo h?medo de sus ojos agreg? unas cuantas palabras. Los tres colegas no perdieron detalle, escucharon todo. El camarero los interrumpi? con una nueva ronda de caf?s. Renato prosigui?
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??Estoy casi seguro? Es m?s probable que desee creerlo. Uno recuerda los sucesos de la infancia, pero no la forma de concebirla, de entender la raz?n de c?mo eternizarla. Uno ahora s?lo alcanza a especular, pero no hay certezas, porque un ni?o no analiza su circunstancia, simplemente se dedica a explorar cada segundo, sin ning?n inter?s de cronometrarlo.
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Sus tres colegas, aprovechando la pausa, se acercaron el caf? a los labios, pero no lo sorbieron, ?nicamente inhalaron su aroma. Era una costumbre aprendida de quien ese d?a tomaba la palabra. Renato prosigui?
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?Y m?s all? de cualquier demostraci?n, a favor o en contra, es evidente que.
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Renato, que iba a continuar la frase, abri? la boca, mas no sali? palabra. Sus colegas se quedaron con un sutil sinsabor. El aroma del ambiente lo disip?. De vez en cuando, sol?an echar de menos el beber caf?. Renato prosigui?
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??En cu?nto influir? que los adultos tengamos consciencia de nuestra existencia ef?mera? Si uno no pensara en ello, sentir?a que es eterno y no tendr?a sentido fragmentar el tiempo. Toda acci?n durar?a igual que otra. ?Y la curiosidad? ?El deseo? ?El miedo? Al fin y al cabo son informaci?n que acelera o ralentiza cada momento. ?La ignorancia te acerca a la eternidad del instante y el conocimiento a la intangibilidad del porvenir?? ?
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Perdido entre sus conjeturas y dudas ?agobiado?, intent? dejar su mente fuera del alcance de la raz?n. Lo consigui?. Aunque ?l no lo entendi? as?. Sin pensar en lo que hac?a, dio un sorbo al caf?. Ese instante dur? toda su ni?ez.


Publicado por V @ 8:25  | Microrrelatos y cuentos
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