Martes, 02 de agosto de 2011

?Pero, ?a ti qu? te pas?? ?me pregunt? ?Lo sabes? ?C?mo llegaste aqu?? Porque yo no tengo ni idea.

?No ?respond? impaciente?, ni siquiera s? d?nde o qu? es aqu?.

Pens? que ?l, o ella, estaba m?s confundido que yo, lo que ya me parec?a dif?cil, tomando en cuenta mi situaci?n: yo s?lo pod?a pensar en el odio hacia Carla, en su culpa. La rabia me inundaba. Ella era la causante de todo. Estaba seguro.

??Culpable de qu?? ?Qu? es lo ?ltimo normal que recuerdas? ?insisti? aquella voz a mi lado.

??Normal? ?en ese momento me di cuenta de que hab?a algo irregular en la situaci?n, que yo no hab?a hecho consciente. Claro, tanta blancura a mi alrededor, esa especie de niebla, ten?a que haberme hecho sospechar que algo no iba bien. ?Y Carla ten?a algo que ver con esto?

?l me escuch?. Pudo o?r mis pensamientos, o leerlos en mi cara. Fue entonces cuando intent? mirar la suya, y me di cuenta de que percib?a su presencia como si estuviese dentro de m?. Pod?a sentirle, incluso o?rle, pero no tocarle. ?Estaba ah?? Pero, ?d?nde estaba? ?Qui?n estaba? Un segundo despu?s estaba fuera de m?, mir?ndome a los ojos, con un interrogante pintado en cada pupila. Algo no encajaba.

?Lo ?ltimo normal ?respond? haciendo un esfuerzo por destapar la memoria?, pues, ven?a discutiendo con Carla, mi mujer, ya sabes, discutiendo porque? bueno, por cosas ?cort? en seco la confesi?n. Pod?a detener las palabras, pero no las im?genes que a borbotones brotaban de mi mente.

Mis manos al volante. El asfalto frente a mis ojos. La voz de Carla. La l?nea blanca en el negro asfalto. Sus l?grimas. La m?as. Los ?rboles girando a los lados. El pedal del acelerador temblando bajo mi suela, mi pierna tensa empujando al pie. Como una avalancha lleg? a mi memoria: todo. Su confesi?n, mi dolor, nuestra tristeza. La humillaci?n, la incontenible furia apoder?ndose de mi ser, consumi?ndome como el fuego abrasa el papel.

?Todo pas? muy r?pido ?pensaba en voz alta?, y ahora lo siento de otra forma, es un dolor sordo. Tal vez ya ni me duele.

?Aqu? ya no te va a doler m?s ?me contest? con una sonrisa que imagin? en sus labios. Entonces pude verle, comprend? y, tras un suspiro, le solt?:

?As? que esto era todo ?observaba con nuevos ojos la niebla eterna?. ?No hay nada m?s?

?No ?me dijo tranquilo?, no hay m?s all?.

?Si lo hubiese sabido antes ?le asegur?, me habr?a ahorrado tanta iglesia y tanta rezadera.


Publicado por V @ 8:17  | Microrrelatos y cuentos
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