Viernes, 29 de julio de 2011


?Mis padres son ateos, pero si los colores existen, tambi?n debe existir Dios?. Al comienzo, no asimil? las dimensiones de la frase. Mientras Sandra iba al ba?o, cerr? los ojos y me esforc? en pensar que as? los hab?a tenido desde siempre. Supe que ni siquiera cab?a decir que el mundo era negro. S?lo pude tener la certeza de que era monocrom?tico, sin saber muy bien a qu? me refer?a.
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Sandra Bertorello Garay, ciega de nacimiento, acaba de publicar ?Los sentidos del Yo?, un ensayo escrito en braille y de tirada insignificante, puesto que lo ha editado con sus propios recursos. Personalmente, espero que alguna editorial se interese en traducirlo para el p?blico vidente y lo difunda como es debido, porque el tema, adem?s de interesante, est? enfocado desde una perspectiva ajena al com?n de los humanos y? con una vehemencia perturbadora.
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La cafeter?a en la que conversamos sobre sus teor?as ten?a un aspecto horrendo. Ninguna mesa era igual o parecida a otra, los manteles luc?an dise?os que no combinaban entre s? y la vajilla y cuberter?a parec?an haber sido recolectadas en incursiones clandestinas a otros locales. En contrapartida, he de admitir que el sabor del caf? y su aroma eran inigualables. Aunque la vista casi me impidi? apreciarlo.
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Sandra Bertorello asume su realidad sin quejas. Tampoco agradece haber nacido ciega, pero, como buena optimista que es, sostiene que su discapacidad f?sica ha sido una ventaja crucial para poder encontrarse a s? misma. El t?tulo de su obra, ?Los sentidos del Yo?, anticipa sutilmente los dos temas que desarrolla este ensayo. Uno plantea las razones de existir como una unidad y, el otro, cuestiona si los procesos sensoriales son inherentes al ser.
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Para obtener conclusiones sobre el segundo punto, se aventur? a experimentar otras limitaciones. Durante m?s de dos a?os y medio, vivi? con la nariz y los o?dos taponados. Adem?s, usaba guantes y se somet?a a largos periodos de ayuno. ?No pod?a tomar prestados un par de ojos para entender una realidad distinta a la m?a y, en consecuencia, conocerme m?s. Sin embargo, me era factible el dejar de o?r y oler para alcanzar el mismo fin? Cuanto m?s se disipaba la presencia del exterior, mi conciencia aumentaba?.
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?No me equivoco al sostener ?lo he comprobado? que los sentidos no s?lo no son parte de la esencia del Yo, sino que se encargan de alejarnos de ?l, porque su responsabilidad es la subsistencia y para ello deben estar atentos al entorno y a nuestras necesidades corporales. Pensar en el Yo distrae? Hay quienes proponen que el camino a seguir es el opuesto. Que contemplar la naturaleza es acercarnos a nuestra ra?z. Quiz? ambos caminos sean v?lidos, pero, dada mi circunstancia, s?lo puedo optar por uno de ellos? Y para contar con un entendimiento amplio sobre algunos conceptos, no me queda m?s que confiar; como cuando dicen que no se alcanza a divisar la otra orilla. ?La verdad depende del n?mero de personas que lo afirman??.
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Cuando regres? del ba?o, no la vi venir. ?Un d?a que mis padres expon?an sus argumentos en contra de la existencia de Dios, intervine para poner en duda la de los colores. La an?cdota no muri? ah?, comenc? a dudar sobre su capacidad de ver y me angusti? al sospechar? que ellos y el resto eran como yo y que el concepto de visi?n era un astuto juego de poder. Por l?gica, mis paranoias cesaron ante algunas demostraciones irrefutables. Mal que bien, duraron lo suficiente para sembrar el deseo incontrolable por saber qui?n y qu? era Yo?.
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?Pese a la gran satisfacci?n que me da conocerme, no puedo evitar querer ver. M?s por curiosidad. Me encantar?a descubrir, entre otras cosas, los colores. Y reconozco que dudo, y que dudar me produce un poco de miedo. A veces creo que son un invento colectivo para hacer la vida m?s llevadera. O cabe la feliz posibilidad de que simplemente sea una? incapacidad m?a?.

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(Pod?is leer m?s cuentos de Rafael en su web No cuentos)


Publicado por V @ 19:05  | Microrrelatos y cuentos
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