Viernes, 22 de julio de 2011

? No la quiero y creo que no podr? quererla nunca ? Dijo mi madre a mi abuela el mismo d?a que volvimos del hospital y mientras me acunaba con asombrosa frialdad.

Mi abuela, que no profesaba simpat?a alguna hacia mi madre (raz?n por la cual me cont? este episodio) la mir? con un profundo desprecio y a mi, con una piedad infinita. Mi hermana mayor hab?a fallecido cuando ten?a dos a?os y mi madre jam?s hab?a podido superar su ausencia y menos a?n entenderla.

Se jur? que no tendr?a m?s hijos, pero a veces Dios hace o?dos sordos a nuestros deseos y me dej? en su vientre que no tuvo m?s remedio que cobijarme, pero que jam?s fue un hogar. La muerte de mi hermana hab?a desbaratado el d?bil equilibro en el que ella se hab?a manejado siempre.

Como un malabarista a quien uno de los planillos se le cae, qued? sin saber c?mo segu?a el acto que estaba representando en esta vida. Muy a mi pesar, siempre intu? que no me amaba. Me daba cuenta que mis infinitos esfuerzos por complacerla y conquistar su cari?o eran en vano. No obstante, no pod?a evitar pensar que alg?n d?a me querr?a. No es que no se ocupara de mi. Cumpl?a estrictamente todos y cada uno de los deberes que el protocolo de una buena madre indica. Jam?s me falt? un plato de comida, ni una visita al pediatra y menos a?n una vacuna.

Presenci? todos y cada uno de los actos escolares en que particip?, eso s?, jam?s la vi emocionada. No me miraba como las otras mam?s miraban a los otros ni?os. Mi padre y mi abuela ?concientes del encubierto abandono materno- trataban de mitigar mi dolor con un amor desmedido. Como si un amor, cualquiera fuere, pudiese llenar el vac?o infinito que deja la ausencia de otro. Sent?a que jam?s podr?a estar a la altura de mi hermana, o mejor dicho, del recuerdo que mi madre ten?a de ella.

Trataba por todos los medios de complacerla, ten?a una imperiosa necesidad que se sintiese orgullosa de mi, pero m?s a?n de sentir que me amaba. Al morir mi abuela y luego mi padre, el desamor se hizo mucho m?s tangible y doloroso. Mis esfuerzos por sentirme querida se redoblaron, hasta que un d?a y sin saber c?mo, dej? de importarme que mi madre no me quisiese. Pas? mi juventud sola, pero m?s relajada.

Ya no hac?a esfuerzos por agradarle, ni por estar en el mismo plano que un fantasma idealizado e inalcanzable. Por extra?o que parezca me sent?a m?s tranquila. Por primera vez en mi vida era verdaderamente yo y no la imagen que fabricaba de mi para ser aceptada. Ella no not? la diferencia, o si y no le import?. O lo que es peor a?n, la not? y se sinti? liberada de tener que cargar con una hija que deseaba ser amada, no se, no importa ya.

Mi madre segu?a cumpliendo al pie de la letra sus deberes. Me acompa?? cuando recib? mi t?tulo en la facultad, me ayud? a elegir mi vestido de novia y estuvo junto a mi en el altar. En todas y cada una de esas oportunidades sin un atisbo de emoci?n en sus ojos. No es f?cil vivir con desamor, pero uno se acostumbra. Nada reemplaza el amor de una madre, pero no es imposible vivir sin ?l, no en mi caso. M?s de una vez quise justificarla.

Llegu? a pensar que era l?gico no poder amar, luego de sufrir como ella lo hab?a hecho. Pens? tambi?n que su falta de amor se deb?a al l?bil equilibrio en el que se manejaba su cordura. Llegu? a sentir pena por ella, otras veces rabia, pero luego todos los sentimientos dejaron paso a la indiferencia. Sin notarlo, sin quererlo, sin propon?rmelo, hice casi lo mismo que hizo ella. Mi madre jam?s me am? y yo, comenc? a dejar de amarla.

Ya no me importaba ver su expresi?n ayuna de todo sentimiento. Hoy estoy aqu?, tomando su mano tan fr?a, tan sin vida, como hab?a sido nuestro vinculo.

El m?dico dijo que no pasar?a la noche. En todo este tiempo, desde que enferm? siempre estuve con ella. La acompa?? a cada m?dico, en cada estudio y hoy estoy aqu? esperando que parta, tomando su mano, eso si, sin sentimiento alguno en mi ojos y menos a?n en mi coraz?n.

?

?

(Visto en EnCuentos)


Publicado por V @ 8:28  | Microrrelatos y cuentos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios