jueves, 03 de febrero de 2011

Este libro es la primera entrega de una nueva serie del autor de El Señor de la Guerra. Se podría considerar como novela histórica ligera, centrada en los conflictos sucedidos en Britania entre sajones y daneses en el siglo XIX. NO hay normandos a pesar de lo que diga en la portada.

La novela avanza en la persona de Uthred, un joven noble anglosajón raptado por los daneses durante una guerra, en la que muere su padre. En vez de tratarle como un siervo, cae bajo la protección de unos de los jefes daneses, que llega a ser mucho más padre que el que realmente tenía.

Este jefe, el "sanguinario vikingo" llamado Ragnar, ha sido para mi uno de los mejores personajes sin duda. Carismático, tiene mucha fuerza y sobre todo al compararlo con Alfredo, que parece un personajillo insignificante y mojigato a pesar de que en la novela se alabe lo inteligente que era. Y lo que más me ha gustado es lo sencillo que es para él pasar de ser un guerrero que despide poder en cada respiración a ser un padre cariñoso y un maestro dedicado.

El niño va creciendo, se adapta a las costumbres del pueblo en el que se está criando y se siente totalmente danés, aunque mantiene en su interior retazos de su vida sajona que en a lo largo de los años terminará por causarle más de un quebradero de cabeza.

Cornwell utiliza los años de crecimiento de Uthred para contar con lujo de detalles las creencias, ritos y costumbres del pueblo danés, y en menor medida, de los sajones. No es una novela que se centre en los datos sino más bien en la historia, que adorna con estos detalles. A pesar de ser didáctica es muy entretenida, fluída y la verdad, a mi me ha tenido bastante enganchada. Es muy amena y muy rápida, está llena de acción, sin que salpique la sangre en absoluto pero capaz de crear tensión. No tenéis más que leer los momentos en los que se encuentran inmersos en muros de escudos, casi se puede palpar la madera y escuchar el metal.

Una curiosidad ha sido que el autor siempre habla de "daneses" y no de "vikingos". La segunda palabra la reserva más bien a un estado de ánimo, o más exactamente a un tipo de lucha consistente en masacrar y saquear, pero no los considera un pueblo. Los daneses se convierten en vikingos cuando no van a conquistar sino a exterminar. Curioso, como otras muchas escenas que os animo a descubrir por vosotros mismos.


Publicado por V @ 8:15  | Reseñas de libros
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Comentarios
Publicado por Welzen
domingo, 17 de abril de 2011 | 0:56
Me han hablado muy bien de esta serie así que creo que ya es hora de ponerse con ella.