martes, 07 de diciembre de 2010

En el fondo de la estancia
un instante nos hallamos;
la sombra nos envolvía
y nadie quiso mirarnos.

Yo sentí que me embriagaba
el perfume de los nardos
que le prendí aquella tarde
sobre su vestido blanco.

Como entonces nos queríamos
nuestros sueños se cruzaron:
yo me encontré sus mejillas
y ella encontró mis labios.

La sombra nos envolvía
y nadie quiso mirarnos;
y sin turbar el silencio,
dulcemente nos besamos.


Publicado por V @ 8:16  | Poemas
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios