Inconcebiblemente espantoso era el cambio que se había operado en Crawford Tillinghast, mi mejor amigo. No le había visto desde el día —dos meses y medio antes— en que me Contó hacia dónde se orientaban sus investigaciones físicas y matemáticas. Cuando respondió a mis temerosas y casi asustadas reconvenciones echándome de su laboratorio y de su casa en una explosión de fanática ira, supe que en adelante permanecería la mayor parte de su tiempo encerrado en el laboratorio del ático, con aquella maldita máquina eléctrica, comiendo poco y prohibiendo la entrada incluso a los criados; pero no creí que un breve período de diez semanas pudiera alterar de ese modo a una criatura humana. No es agradable ver a un hombre fornido quedarse flaco de repente, y menos aún cuando se le vuelven amarillentas o grises las bolsas de la piel, se le hunden los ojos, se le ponen ojerosos y extrañamente relucientes, se le arruga la frente y se le cubre de venas, y le tiemblan y se le crispan las manos. Y si a eso se añade una repugnante falta de aseo, un completo desaliño en la ropa, una negra pelambrera que comienza a encanecer por la raíz, y una barba blanca crecida en un rostro en otro tiempo afeitado, el efecto general resulta horroroso. Pero ese era el aspecto de Crawford Tillinghast la noche en que su casi incoherente mensaje me llevó a su puerta, después de mis semanas de exilio; ese fue el espectro que me abrió temblando, vela en mano, y miró furtivamente por encima del hombro como temeroso de los seres invisibles de la casa vieja y solitaria, retirada de la línea de edificios que formaban Benevolent Street.
Fue un error que Crawford Tillinghast se dedicara al estudio de la ciencia y la filosofía. Estas materias deben dejarse para el investigador frío e impersonal, ya que ofrecen dos alternativas igualmente trágicas al hombre de sensibilidad y de acción: la desesperación, si fracasa en sus investigaciones, y el terror inexpresable e inimaginable, si triunfa. Tillinghast había sido una vez víctima del fracaso, solitario y melancólico; pero ahora comprendí, con angustiado temor, que era víctima del éxito. Efectivamente, se lo había advertido diez semanas antes, cuando me espetó la historia de lo que presentía que estaba a punto de descubrir. Entonces se excitó y se congestionó, hablando con voz aguda y afectada, aunque siempre pedante.
-¿Qué sabemos nosotros —había dicho— del mundo y del universo que nos rodea? Nuestros medios de percepción son absurdamente escasos, y nuestra noción de los objetos que nos rodean infinitamente estrecha. Vemos las cosas sólo según la estructura de los órganos con que las percibimos, y no podemos formarnos una idea de su naturaleza absoluta. Pretendemos abarcar el cosmos complejo e ilimitado con cinco débiles sentidos, cuando otros seres dotados de una gama de sentidos más amplia y vigorosa, o simplemente diferente, podrían no sólo ver de manera muy distinta las cosas que nosotros vemos, sino que podrían percibir y estudiar mundos enteros de materia, de energía y de vida que se encuentran al alcance de la mano, aunque son imperceptibles a nuestros sentidos actuales.
Siempre he estado convencido de que esos mundos extraños e inaccesibles están muy cerca de nosotros; y ahora creo que he descubierto un medio de traspasar la barrera. No bromeo. Dentro de veinticuatro horas, esa máquina que tengo junto a la mesa generará ondas que actuarán sobre determinados órganos sensoriales existentes en nosotros en estado rudimentario o de atrofia. Esas ondas nos abrirán numerosas perspectivas ignoradas por el hombre, algunas de las cuales son desconocidas para todo lo que consideramos vida orgánica. Veremos lo que hace aullar a los perros por las noches, y enderezar las orejas a los gatos después de las doce. Veremos esas cosas, y otras que jamás ha visto hasta ahora ninguna criatura. Traspondremos el espacio, el tiempo, y las dimensiones; y sin desplazamiento corporal alguno, nos asomaremos al fondo de la creación.
Cuando oí a Tillinghast decir estas cosas, le amonesté; porque le conocía lo bastante como para sentirme asustado, más que divertido; pero era un fanático, y me echó de su casa. Ahora no se mostraba menos fanático; aunque su deseo de hablar se había impuesto a su resentimiento y me había escrito imperativamente, con una letra que apenas reconocía. Al entrar en la morada del amigo tan súbitamente metamorfoseado en gárgola temblorosa, me sentí contagiado del terror que parecía acechar en todas las sombras. Las palabras y convicciones manifestadas diez semanas antes parecían haberse materializado en la oscuridad que reinaba más allá del círculo de luz de la vela, y experimenté un sobresalto al oír la voz cavernosa y alterada de mi anfitrión. Deseé tener cerca a los criados, y no me gustó cuando dijo que se habían marchado todos hacía tres días. Era extraño que el viejo Gregory, al menos, hubiese dejado a su señor sin decírselo a un amigo fiel como yo. Era él quien me había tenido al corriente sobre Tillinghast desde que me echara furiosamente.
Sin embargo, no tardé en subordinar todos los temores a mi creciente curiosidad y fascinación. No sabía exactamente qué quería Crawford Tillinghast ahora de mí, pero no dudaba que tenía algún prodigioso secreto o descubrimiento que comunicarme. Antes, le había censurado sus anormales incursiones en lo inconcebible; ahora que había triunfado de algún modo, casi compartía su estado de ánimo, aunque era terrible el precio de la victoria. Le seguí escaleras arriba por la vacía oscuridad de la casa, tras la llama vacilante de la vela que sostenía la mano de esta temblorosa parodia de hombre. Al parecer, estaba desconectada la corriente; y al preguntárselo a mi guía, dijo que era por un motivo concreto.
—Sería demasiado... no me atrevería —prosiguió murmurando.
Observé especialmente su nueva costumbre de murmurar, ya que no era propio de él hablar consigo mismo. Entramos en el laboratorio del ático, y vi la detestable máquina eléctrica brillando con una apagada y siniestra luminosidad violácea. Estaba conectada a una potente batería química; pero no recibía ninguna corriente, porque recordaba que, en su fase experimental, chisporroteaba y zumbaba cuando estaba en funcionamiento. En respuesta a mi pregunta, Tillinghast murmuró que aquel resplandor permanente no era eléctrico en el sentido que yo lo entendía. A continuación me sentó cerca de la máquina, de forma que quedaba a mi derecha, y conectó un conmutador que había debajo de un -enjambre de lámparas. Empezaron los acostumbrados chisporroteos, se convirtieron en rumor, y finalmente en un zumbido tan tenue que daba la impresión de que había vuelto a quedar en silencio. Entre tanto, la luminosidad había aumentado, disminuido otra vez, y adquirido una pálida y extraña coloración —o mezcla de colores— imposible de definir ni describir. Tillinghast había estado observándome, y notó mi expresión desconcertada.
—¿Sabes qué es eso? —susurró— ¡rayos ultravioleta! —rió de forma extraña ante mi sorpresa—. Tú creías que eran invisibles; y lo son, pero ahora pueden verse, igual que muchas otras cosas invisibles también. ¡Escucha! Las ondas de este aparato están despertando los mil sentidos aletargados que hay en nosotros; sentidos que heredamos durante los evos de evolución que median del estado de los electrones inconexos al estado de humanidad orgánica. Yo he visto la verdad, y me propongo enseñártela. ¿Te gustaría saber cómo es? Pues te lo diré —aquí Tillinghast se sentó frente a mí, apagó la vela de un soplo, y me miró fijamente a los ojos-. Tus órganos sensoriales, creo que los oídos en primer lugar, captarán muchas de las impresiones, ya que están estrechamente conectados con los órganos aletargados. Luego lo harán los demás. ¿Has oído hablar de la glándula pineal? Me río de los superficiales endocrinólogos, colegas de los embaucadores y advenedizos freudianos. Esa glándula es el principal de los órganos sensoriales... yo lo he descubierto. Al final es como la visión, transmitiendo representaciones visuales al cerebro. Si eres normal, esa es la forma en que debes captarlo casi todo... Me refiero a casi todo el testimonio del más allá.
Miré la inmensa habitación del ático, con su pared sur inclinada, vagamente iluminada por los rayos que los ojos ordinarios son incapaces de captar. Los rincones estaban sumidos en sombras, y toda la estancia había adquirido una brumosa irrealidad que emborronaba su naturaleza e invitaba a la imaginación a volar y fantasear. Durante el rato que Tillinghast estuvo en silencio, me imaginé en medio de un templo enorme e increíble de dioses largo tiempo desaparecidos; de un vago edificio con innumerables columnas de negra piedra que se elevaban desde un suelo de losas húmedas hacia unas alturas brumosas que la vista no alcanzaba a determinar. la representación fue muy vívida durante un rato; pero gradualmente fue dando paso a una concepción más horrible: la de una absoluta y completa soledad en el espacio infinito, donde no había visiones ni sensaciones sonoras. Era como un vacío, nada más; y sentí un miedo infantil que me impulsó a sacarme del bolsillo el revólver que de noche siempre llevo encima, desde la vez que me asaltaron en East Providence. Luego, de las regiones más remotas, el ruido fue cobrando suavemente realidad. Era muy débil, sutilmente vibrante, inequívocamente musical; pero tenía tal calidad de incomparable frenesí, que sentí su impacto como una delicada tortura por todo mi cuerpo. Experimenté la sensación que nos, produce el arañazo fortuito sobre un cristal esmerilado. Simultáneamente, noté algo así como una corriente de aire frío que pasó junto a mí, al parecer en dirección al ruido distante. Aguardé con el aliento contenido, y percibí que el ruido y el viento iban en aumento, produciéndome la extraña impresión de que me encontraba atado a unos raíles por los que se acercaba una gigantesca locomotora. Empecé a hablarle a Tillinghast, e instantánea¬mente se disiparon todas estas inusitadas impresiones. Volví a ver al hombre, las máquinas brillantes y la habitación a oscuras. Tillinghast sonrió repulsivamente al ver el revólver que yo había sacado casi de manera inconsciente; pero por su expresión, comprendí que había visto y oído lo mismo que yo, si no más. Le conté en voz baja lo que había experimentado, y me pidió que me estuviese lo más quieto y receptivo posible.
—No te muevas —me advirtió—, porque con estos rayos pueden vernos, del mismo modo que nosotros podemos ver. Te he dicho que los criados se han ido, aunque no te he contado cómo. Fue por culpa de esa estúpida ama de llaves; encendió las luces de abajo, después de advertirle yo que no lo hiciera, y los hilos captaron vibraciones simpáticas. Debió de ser espantoso; pude oír los gritos desde aquí, a pesar de que estaba pendiente de lo que veía y oía en otra dirección; más tarde, me quedé horrorizado al descubrir montones de ropa vacía por toda la casa. Las ropas .de la señora Updike estaban en el vestíbulo, junto a la llave de la luz... por eso sé que fue ella quien encendió. Pero mientras no nos movamos, no correremos peligro. Recuerda que nos enfrentamos con un mundo terrible en el que estamos prácticamente desamparados... ¡No te muevas!
El impacto combinado de la revelación y la brusca orden me produjo una especie de parálisis; y en el terror, mi mente se abrió otra vez a las impresiones procedentes de lo que Tillinghast llamaba «desde el más allá». Me encontraba ahora en un vórtice de ruido y movimiento acompañados de confusas representaciones visuales. Veía los contornos borrosos de la habitación; pero de algún punto del espacio parecía brotar una hirviente columna de nubes o formas imposibles de identificar que traspasaban el sólido techo por encima de mí, a mi derecha. Luego volví a tener la impresión de que estaba en un templo; pero esta vez los pilares llegaban hasta un océano aéreo de luz, del que descendía un rayo cegador a lo largo de la brumosa columna que antes había visto. Después, la escena se volvió casi enteramente calidoscópica; y en la mezcolanza de imágenes sonidos e impresiones sensoriales inidentificables, sentí que estaba a punto de disolverme o de perder, de alguna manera, mi forma sólida. Siempre recordaré una visión deslumbrante y fugaz. Por un instante, me pareció ver un trozo de extraño cielo nocturno poblado de esferas brillantes que giraban sobre sí; y mientras desaparecía, vi que los soles resplandecientes componían una constelación o galaxia de trazado bien definido; dicho trazado correspondía al rostro distorsionado de Crawford Tillinghast. Un momento después, sentí pasar unos seres enormes y animados, unas veces rozándome y otras caminando o deslizándose sobre mi cuerpo supuestamente sólido, y me pareció que Tillinghast los observaba como si sus sentidos, más avezados pudieran captarlos visualmente. Recordé lo que había dicho de la glándula pineal, y me pregunte qué estaría viendo con ese ojo preternatural.
De pronto, me di cuenta de que yo también poseía una especie de visión aumentada. Por encima del caos de luces y sombras se alzó una escena que, aunque vaga, estaba dotada de solidez y estabilidad. Era en cierto modo familiar, ya que lo inusitado se superponía al escenario terrestre habitual a la manera como la escena cinematográfica se proyecta sobre el telón pintado de un teatro. Vi el laboratorio del ático, la máquina eléctrica, y la poco agraciada figura de Tillinghast enfrente de mí; pero no había vacía la más mínima fracción del espacio que separaba todos estos objetos familiares. Un sinfín de formas indescriptibles, vivas o no, se mezclaban entremedias en repugnante confusión; y junto a cada objeto conocido, se movían mundos enteros y entidades extrañas y desconocidas. Asimismo, parecía que las cosas cotidianas entraban en la composición de otras desconocidas, y viceversa. Sobre todo, entre las entidades vivas había negrísimas y gelatinosas monstruosidades que temblaban fláccidas en armonía con las vibraciones procedentes de la máquina. Estaban presentes en repugnante profusión, y para horror mío, descubrí que se superponían, que eran semifluidas y capaces de interpenetrarse mutuamente y de atravesar lo que conocemos como cuerpos sólidos. No estaban nunca quietas, sino que parecían moverse con algún propósito maligno.. A veces, se devoraban unas a otras, lanzándose la atacante sobre la víctima y eliminándola instantáneamente de la vista. Comprendí, con un estremecimiento, que era lo que había hecho desaparecer a la desventurada servidumbre, y ya no fui capaz de apartar dichas entidades del pensamiento, mientras intentaba captar nuevos detalles de este mundo recientemente visible que tenemos a nuestro alrededor. Pero Tillinghast me había estado observando, y decía algo.
—¿Los ves? ¿Los ves? ¡Ves a esos seres que flotan y aletean en torno tuyo, y a través de ti, a cada instante de tu vida? ¿Ves las criaturas que pueblan lo que los hombres llaman el aire puro y el cielo azul? ¿No he conseguido romper la barrera, no te he mostrado mundos que ningún hombre vivo ha visto? —oí que gritaba a través del caos; y vi su rostro insultantemente cerca del mío. Sus ojos eran dos pozos llameantes que me miraban con lo que ahora sé que era un odio infinito. La máquina zumbaba de manera detestable.
—¿Crees que fueron esos seres que se contorsionan torpemente los que aniquilaron a los criados? ¡Imbécil, esos son inofensivos! Pero los criados han desaparecido, ¿no es verdad? Tú trataste de detenerme; me desalentabas cuando necesitaba hasta la más pequeña migaja de aliento; te asustaba enfrentarte a la verdad cósmica, condenado cobarde; ¡pero ahora te tengo a mi merced! ¿Qué fue lo que aniquiló a los criados? ¿Qué fue lo que les hizo dar aquellos gritos?... ¡No lo sabes, verdad? Pero en seguida lo vas a saber. Mírame; escucha lo que voy a decirte. ¿Crees que tienen realidad las nociones de espacio, de tiempo y de magnitud? ¿Supones que existen cosas tales como la forma y la materia? Pues yo te digo que he alcanzado profundidades que tu reducido cerebro no es capaz de imaginar. Me he asomado más allá de los confines del infinito y he invocado a los demonios de las estrellas... He cabalgado sobre las sombras que van de mundo en mundo sembrando la muerte y la locura... Soy dueño del espacio, ¿me oyes?, y ahora hay entidades que me buscan, seres que devoran y disuelven; pero sé la forma de eludirías. Es a ti a quien cogerán, como cogieron a los criados... ¿se remueve el señor? Te he dicho ya que es peligroso moverse; te he salvado antes al advertirte que permanecieras inmóvil.., a fin de que vieses más cosas y escuchases lo que tengo que decir. Si te hubieses movido, hace rato que se habrían arrojado sobre ti. No te preocupes; no hacen daño. Como no se lo hicieron a los criados: fue el verlos lo que les hizo gritar de aquella forma a los pobres diablos. No son agraciados, mis animales favoritos. Vienen de un lugar cuyos cánones de belleza son... muy distintos. La desintegración es totalmente indolora, te lo aseguro; pero quiero que los veas. Yo estuve a punto de verlos, pero supe detener la visión. ¿No sientes curiosidad? Siempre he sabido que no eras científico. Estás temblando, ¿eh? Temblando de ansiedad por ver las últimas entidades que he logrado descubrir. ¿Por qué no te mueves, entonces? ¿Estás cansado? Bueno, no te preocupes, amigo mío, porque ya vienen... Mira, mira, maldito; mira... ahí, en tu hombro izquierdo.
Lo que queda por contar es muy breve, y quizá lo sepáis ya por las notas aparecidas en los periódicos. La policía oyó un disparo en la casa de Tillingbast y nos encontró allí a los dos: a Tillinghast muerto, y a mí inconsciente. Me detuvieron porque tenía el revólver en la mano; pero me soltaron tres horas después, al descubrir que había sido un ataque de apoplejía lo que había acabado con la vida de Tillinghast, y comprobar que había dirigido el disparo contra la dañina máquina que ahora yacía inservible en el suelo del laboratorio. No dije nada sobre lo que había visto, por temor a que el forense se mostrase escéptico; pero por la vaga explicación que le di, el doctor comentó que sin duda yo había sido hipnotizado por el homicida y vengativo demente.
Quisiera poder creerle. Se sosegarían mis destrozados nervios si dejara de pensar lo que pienso sobre el aire y el cielo que tengo por encima de mí y a mi alrededor. Jamás me siento a solas ni a gusto; y a veces, cuando estoy cansado, tengo la espantosa sensación de que me persiguen. Lo que me impide creer en lo que dice el doctor es este simple hecho: que la policía no encontró jamás los cuerpos de los criados que dicen que Crawford Tillinghast mató.
Desde el más allá (H.P. Lovecraft)
Algunos lloran enseguida si el médico les da unas palmaditas en el culo. A otros los tenemos que asistir con oxígeno, por culpa del meconio o las vueltas de cordón. Me gusta ver cómo los familiares se quitan la palabra de la boca unos a otros para decidir a quien se parece más cuando, emocionados, los ven por primera vez. Es dulce observar lágrimas de alegría resbalando por cauces de los que casi siempre se adueña la tristeza. Y, cómo no, me entusiasma imaginar cuáles serán sus vidas cuando se hagan adultos, cada vez que, rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas.
(Ganador de la quinta semana del Concurso Relatos en cadena 2010-2011 de La cadena Ser)
Viernes, viernes!!!
Resumen de la editorial: "Adrián Thomas es un profesor universitario retirado, al que acaban de diagnosticarle una demencia degenerativa que lo llevará pronto a la muerte. Ha dedicado toda su vida a estudiar los procesos de la mente y a transmitir a sus alumnos todo su conocimiento. Ahora, jubilado, viudo y enfermo cree que lo mejor que puede hacer es quitarse la vida.
Pero al salir del consultorio de su médico es testigo involuntario del secuestro de Jennifer Riggins, una conflictiva adolescente de dieciséis años con un largo historial de huidas, que desaparece sin dejar rastro dentro de una camioneta conducida por una mujer rubia, a la que acompaña un hombre joven.
El profesor Thomas se debate entre poner fin a su vida y ser útil una última vez antes de morir. Decide ayudar a encontrar a Jennifer, intentar darle la oportunidad de vivir su joven vida. Pero para eso debe sumergirse en el oscuro mundo de la pornografía en Internet, un mundo perverso y criminal donde todo su saber académico se pone en juego, y debe utilizar los pocos momentos de lucidez para avanzar en una investigación para la que hay muy poco tiempo…
Jennifer se ve sometida a una experiencia terrorífica a lo largo de la cual la pareja de psicópatas que la ha secuestrado parece no tener límite. O peor aún, ese límite parece ser su propia muerte… El Profesor es la nueva y esperada novela de John Katzenbach, quien retoma, en este fascinante thriller, algunos de los temas de su celebrado libro El Psicoanalista: ¿es el suicidio una solución? ¿Debemos pagar por nuestros errores del pasado? Un best seller mundial."
Explosivo psico-triller de John Katzenbach. Engancha desde la primera frase "Adrian supo que estaba muerto en cuanto se abrió la puerta" y ya no puedes soltarlo hasta que terminas. En mi caso, lo he leído en apenas cinco días, o más que leerlo, lo he devorado. Es uno de esos libros que no puedes dejar de leer, y cuanto más cerca del final, más difícil soltarlo. Los últimos diez capítulos son fascinantes.
Historia dura que toca varios temas complicados como la pornografía infantil y otras perversiones sexuales, sin caer en el morbo en ningún momento. Algunas de las escenas son bastante crueles, no aptas para mentes sensibles. El autor ha incidido en los sentimientos de los protagonistas, de una forma muy cuidada pero sin rebajar la crudeza. Está justo en el punto adecuado, sin excederse.
La historia se narra desde la perspectiva de todos los protagonistas. Por un lado Adrián, el profesor que se enfrenta a su enfermedad para intentar ayudar con sus conocimientos, cuando lo único que quiere realmente es rendirse. Jennifer, la joven que necesita ayuda desesperadamente y que ve puesta a prueba su fortaleza, su esperanza y sus prioridades en la vida. Frente a ellos los captores, dos sádicos que viven por y para sus aficiones. Katzenbach ha trabajado los personajes en este libro de una manera exquisita.
No hay párrafos que sobren, no hay descripciones excesivas ni frases inútiles, es un libro excelente de principio a fin. Para los amantes del suspense y la tensión creciente, imprescindible.
Leyendo una nota en la comunidad oficial Amazon para Kindle me entero de dos nuevas funcionalidades que van a incluir próximamente en el dispositivo.
En primer lugar están preparando una aplicación para poder acceder a periódicos y revistas preparadas para el Kindle desde otros dispositivos (iPad, iPhone). Debería estar disponible en las próximas semanas, y más adelante lo estaría también para el resto de aplicaciones.
Además, y en este caso se espera para finales de año, se va a habilitar el préstamo de libros entre usuarios de aplicaciones Kindle o del dispositivo. Cada libro se podrá prestar por una vez y durante 14 días, y como en un préstamo tradicional, solo el que posea el libro en ese momento podrá leerlo. Solo estarán disponibles para préstamos aquellos ebooks que tengan el permiso del editor o titular de los derechos, así que habrá que ver cuántos están dispuestos a permitirlo.
Son dos buenas noticias que amplían la utilidad de los lectores digitales y mejoran su uso, en especial la cuestión del préstamo, que permitirá que más de una persona del mismo hogar pueda acceder al libro desde su propio dispositivo sin necesidad de comprarlo de nuevo.
En el momento que haya más información, os la cuento.

Amigo, te lo dije...
Cruzando el pórtico de mi elegante casa, entras majestuoso,
Con tus salvajes furias, desordenando las guirnaldas de fruta
Y los fabulosos laúdes y pavones, rasgando la red
De todo el decoro que refrena el torbellino.
Ahora, el lujoso orden de los muros se ha desmoronado; los grajos graznan
Sobre la espantosa ruina; bajo la luz desoladora
De tu mirada tormentosa, la magia huye volando como una bruja
Acobardada, abandonando el castillo cuando los días reales amanecen.
Unos pilares resquebrajados enmarcan este paisaje de rocas;
Mientras tú te yergues heroico, con chaqueta y corbata, y yo permanezco
Sentada tranquilamente, con una túnica griega y un moño a lo Psique,
Enraizada en tu negra mirada, la obra se vuelve trágica:
Después de la plaga que ha asolado nuestra heredad,
¿Qué ceremonia de palabras puede enmendar todo este estrago?
Es curioso cómo a veces algo en lo que no has pensado durante años parece estar de pronto en todas partes. Es lo que me ha ocurrido a mi con los libros Elige tu propia aventura en las últimas semanas. Por si alguien no los conoce, son libros en los que en casi cada página el lector puede tomar decisiones sobre la forma de actuar de los personajes, y "crea" su propia historia. Mezcla la lectura con un juego. Creo que no exagero si digo que todos los treintañeros han leído más de uno con seguridad. No los leía ni pensaba en ellos desde que era niña y en estos días he encontrado varias webs en los que se mencionaban.
La última que he descubierto es un relato escrito por Moisés Cabello, autor del que ya os he hablado en varias ocasiones y que participó en el primer aniversario del blog regalándonos sus libros.
"La última guerra" es un relato corto, una prueba de concepto de cara a una historia más larga, quizá una novela. El relato actual, al estar preparado para publicarse en internet, cuenta con un detalle que los libros, a día de hoy, no permiten: descripciones aumentadas. Al situar el ratón sobre estas palabras coloreadas aparece un pequeño texto que añade más información al texto original, y que puede resultar útil a la hora de tomar decisiones.
Por el momento la historia se disfruta en apenas unos minutos, la navegación entre las páginas es muy sencilla y en el diseño cuenta con una magnífica plantilla de Wordpress para ficción online que ha creado Fran Ontanaya.
Así que, es vuestro momento para decidir, ¿qué queréis hacer?
Como os decía, no es la primera web que encuentro sobre estas novelas en estos días, y aprovechando el post sobre el relato de Moisés, voy a hacer un poco de repaso. Hace poco también encontré un pequeño relato que utilizaba este estilo. En este caso lo de "pequeño" cobra un nuevo sentido porque se publicó utilizando Twitter, y por tanto todos los textos tienen un máximo de 140 caracteres. Si ya debe ser difícil crear un libro-juego, hacerlo con estas limitaciones supongo que es un añadido. Si sabéis inglés podéis echarle un vistazo y decidir qué os parece este relato, que podéis encontrar en el twitter de Jonah Peretti.
Y una curiosidad, en una vuelta de tuerca más, alguien utilizó Twitter y el estilo Elige tu propia aventura no para publicar un relato, sino para publicitar su currículum y buscar trabajo. 
No se si lo habrá conseguido pero hay que reconocer que hay sido muy creativo...
En fin, ya veis, estos libros sentaron cátedra y marcaron a toda una generación, que aún los recordamos con ilusión. ¿Os pasa a vosotros? ¿Alguna vez habéis pensado crear vuestro propio libro? Para terminar os dejo la dirección de otra web, una que os permitiría crear vuestro relato de forma más o menos sencilla. Tan solo tendríais que incluir el texto y las opciones, añadiendo unos pequeños códigos para que el programa pudiera determinar cuales eran opciones y cuales páginas de contenido. Si la usáis os recomiendo echar un vistazo a la ayuda antes de poneros a escribir...
Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación. Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dio el caso de que ninguno de ellos confundiese el vino de Mosela con el de Borgoña. Tenían el olfato mucho más sensible que el de sus vecinos videntes. Acerca de los cuatro sentidos consiguieron establecer brillantes razonamientos, es decir que sabían de ellos cuanto hay que saber, y de esta manera vivían tranquilos y felices en la medida en que tal cosa sea posible para unos ciegos.
Por desgracia sucedió entonces que uno de sus maestros manifestó la pretensión de saber algo concreto acerca del sentido de la vista. Pronunció discursos, agitó cuanto pudo, ganó seguidores y por último consiguió hacerse nombrar principal del gremio de los ciegos. Sentaba cátedra sobre el mundo de los colores, y desde entonces todo empezó a salir mal.
Este primer dictador de los ciegos empezó por crear un círculo restringido de consejeros, mediante lo cual se adueñó de todas las limosnas. A partir de entonces nadie pudo oponérsele, y sentenció que la indumentaria de todos los ciegos era blanca. Ellos lo creyeron y hablaban mucho de sus hermosas ropas blancas, aunque ninguno de ellos las llevaba de tal color. De modo que el mundo se burlaba de ellos, por lo que se quejaron al dictador. Éste los recibió de muy mal talante, los trató de innovadores, de libertinos y de rebeldes que adoptaban las necias opiniones de las gentes que tenían vista. Eran rebeldes porque, caso inaudito, se atrevían a dudar de la infalibilidad de su jefe. Esta cuestión suscitó la aparición de dos partidos.
Para sosegar los ánimos, el sumo príncipe de los ciegos lanzó un nuevo edicto, que declaraba que la vestimenta de los ciegos era roja. Pero esto tampoco resultó cierto; ningún ciego llevaba prendas de color rojo. Las mofas arreciaron y la comunidad de los ciegos estaba cada vez más quejosa. El jefe montó en cólera, y los demás también. La batalla duró largo tiempo y no hubo paz hasta que los ciegos tomaron la decisión de suspender provisionalmente todo juicio acerca de los colores.
Un sordo que leyó este cuento admitió que el error de los ciegos había consistido en atreverse a opinar sobre colores. Por su parte, sin embargo, siguió firmemente convencido de que los sordos eran las únicas personas autorizadas a opinar en materia de música.
Reseña de la editorial: "En un abrir y cerrar de ojos, todos desaparecen. Se van.
Excepto por los jóvenes. Adolescentes. Escolares. Niños pequeños. Pero ningún adulto. Ni profesores, ni policías, ni médicos, ni padres. Así como, de repente, no hay teléfonos ni Internet, ni televisión. No hay forma de conseguir ayuda. Ningún modo de entender que ha pasado.
El hambre amenaza, los bravucones gobiernan. Una criatura siniestra está al asecho. Los animales están cambiando. Y los adolescentes mismos están cambiando, desarrollando nuevos talentos -poderes inimaginables, poderosos, mortales- que se hacen más poderosos con cada día que transcurre.
Este nuevo mundo es aterrador. Los bandos se están siendo escogidos, la lucha está tomando forma. Los pueblerinos contra los niños ricos. Matones contra débiles. El tiempo se agota: en tu cumpleaños desaparecerás como todos los demás..."
Aviso que hay algún spoiler en la reseña de hoy, pero son solo detalles secundarios y nada que entre en el último 30% del libro.
Primer libro de una saga. A nuestro país ha llegado solo el primer libro (y no estoy segura de que haya llegado en español, solo lo he visto en francés y en inglés) aunque se supone que a lo largo de este año llegaría a las librerías. En EEUU ya está a la venta el segundo y tercer libro, y el autor está escribiendo actualmente el cuarto.
Es un libro a medio camino entre las novelas para adultos y juveniles. Los protagonistas son adolescentes (y casi adolescentes) pero la agresividad que describe no es precisamente para niños.
Tras leer los primeros capítulos se piensa sin remedio en El señor de las moscas: Una sociedad, formada solo por niños, sin adultos, la lucha entre las tradiciones culturales y la falta de control... Comienza siendo el retrato de una nueva sociedad, con un nuevo orden y en el que analizar los distintos comportamientos de los individuos.
Pero a medida que pasan las páginas esta similitud se diluye: aparecen los poderes sobrenaturales. No es algo muy llamativo, los poderes se tratan de una forma muy sutil, como un detalle más característico de la persona, como si el protagonista se hubiera teñido el pelo. O como si leer mentes o mover objetos fuera algo habitual que hacer los sábados por la tarde en la bolera... Todo el mundo parece aceptar los cambios en algunos de sus amigos como algo natural a lo que no dar la menor importancia. No es creíble. No me creo que lo acepten sin más, no me creo que no surjan envidias ni rencores (más que un caso puntual que pasa muy rápido) y no me creo que los propios protagonistas hayan aceptado la situación como lo hacen.
Aparte, si os digo la verdad, el tema de los poderes me parece un poco innecesario. La novela comenzó muy bien, engancha enseguida y se lee muy rápido, pero de pronto aparece ésto y la novela, con su suspense y su psicología se convierte en ciencia ficción... Es más, también aparecen hienas que hablan y serpientes que vuelan. A pesar de este salto el libro no está mal, pero prefería el primer género...
La novela está narrada en tercera persona y los capítulos recogen una cuenta atrás hacia un acontecimiento, que durante gran parte de la historia no se sabe cual es pero que es fundamental en la trama. Hacia la mitad del libro se puede suponer, pero el desenlace no se conoce hasta el final
Los personajes, un poco planos para mi gusto. El bueno es muy bueno, un líder que no quiere ser líder, pero lo es. Y por otro lado está el malo, que es muy malo. Fijaos si era malo que estudiaba en el internado para chicos conflictivos del pueblo. Y de una manera un tanto forzada y sin explicaciones (esto es así porque lo digo yo y punto) resulta que ¡son hermanos gemelos! En fin...
Más protagonistas, el chico bueno, que también es muy guapo está enamorada de la chica inteligente y callada de la clase, que además tiene un hermano autista al que tiene que cuidar. Y también está el amigo leal y un poco envidioso. Y un inmigrante al que se le ha excluído un poco pero que a lo largo del libro se irá integrando con el resto de jóvenes. Poco más os puedo contar, no hay un pasado de los personajes más que pinceladas breves, no hay un cuadro, no hay nada más...
Pero a pesar de lo que os estoy contando, tiene un punto a favor: no es ñoño. No es una de esas historias juveniles en la que todo es maravilloso. Aquí los niños agresores y con tendencias psicópatas se encuentran de pronto con libertad y poder para hacer lo que quieren, y nadie se lo impide. La sangre no os va a salpicar pero tiene escenas con toques bastante sádicos.
Cuando he empezado la reseña no tenía claro aún si me había gustado, y a estas alturas no os se decir. Los personajes no me convencen, y hay momentos en los que la trama no se sostiene, pero la historia en la que desemboca es original, la verdad es que es ameno de leer y tiene esos detalles que la hacen una novela para adultos a pesar de la fantasía...
Como conclusión, creo que para satisfacer las necesidades de un libro psicológico que me crearon los primeros capítulos voy a leer El señor de las moscas (confieso que solo he visto la película) pero posiblemente también leeré la segunda parte de esta saga...
Hoy no puedo dejaros leer las primeras páginas, yo lo he leído en inglés, pero sí puedo dejaros el vídeo de promoción.
Gracias a una iniciativa del Ayuntamiento de la capital y de 'Mahou sin' el próximo 14 de noviembre se liberarán 30.000 libros en las calles de Madrid dentro del programa Bookcrossing.
Los ejemplares han sido adquiridos mediante convenios entre el Ayuntamiento y nueve grupos editoriales del país (Anagrama, Grupo Anaya, Antonio Machado Libros, Editorial Castalia, Ediciones Siruela, Grupo Santillana, Grupo Sm, RBA Libros y Tusquets editores), y 600 voluntarios los distribuirán furgonetas que se situarán en puntos estratégicos de la capital (paradas de autobús, parques, estaciones de metro...)
Los ciudadanos que encuentren estos libros deberán liberarlos después de leerlos para que otras personas puedan disfrutarlos también, y si lo desean, podrán liberar libros de su propia biblioteca.
Además, la acción cuenta con un componente social, ya que por cada libro liberado que se registre en la página creada para la iniciativa, 'Mahou Sin' donará tres euros a un programa de inserción sociolaboral de jóvenes madrileños en riesgo de exclusión social.
Si estáis interesados en participar, la web de la iniciativa es: http://www.lamayorliberaciondelibros.es/ y si quieres más información sobre el proyecto Bookcrossing en España, entra en su página oficial: http://www.bookcrossing-spain.com/

Doy las gracias a todos los que me han amado en sus corazones,
Con las gracias y el amor que hay en el mío. Profundas gracias a todos
Los que se han demorado en los muros de esta prisión
Para escuchar mi música en sus más intenso dolor,
Flotando siempre hacia adelante, llenando el espacio
Del pagano templo, más allá de las palabras.
Tu, quien te hundes y caes en mi voz
Cuando la pena te arrebata, el divino instrumento
Del arte se despliega ante tus pies
Para escuchar lo que he dicho entre lágrimas,
Enséñame cómo agradecerte. Enséñame como
Ver el sentido de mi vida en los años futuros,
Y a sentir que el amor perdura en la vida que se desvanece.
II PREMIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA BREVE "RIBERA DEL DUERO"
PARTICIPANTES: Escritores mayores de dieciocho años, cualquiera que sea su nacionalidad
OBRAS: Libros de cuentos con una extensión de entre 100 y 150 páginas.
FECHA DE PRESENTACIÓN: 31/12/2010
PREMIO: 50.000,00 Euros
BASES COMPLETAS: http://www.riberadelduero.es/web/pdfs/BASES_II_PINB_RIBERA_DEL_DUERO.pdf
VII CONCURSO INTERNACIONAL “Letras de Oro del Bicentenario” (Argentina)
PARTICIPANTES: No especificado
OBRAS: Cuento y Poesía
FECHA DE PRESENTACIÓN: 10/12/2010
PREMIO: Se entregarán tres premios:
BASES COMPLETAS: Se pueden consultar escribiendo al email Honorartebicentenario(arroba)gmail. com
IV Premio Literario QUÉ LEER-VOLKSWAGEN
PARTICIPANTES: Escritores mayores de dieciocho años, cualquiera que sea su nacionalidad
OBRAS: Los originales deberán estar escritos en castellano, con una extensión mínima de 100 folios DIN A-4 y máxima de 250.
FECHA DE PRESENTACIÓN: 31/12/2010
PREMIO: 10.000 euros y publicación de la obra ganadora, que será distribuida de forma gratuita junto a la revista QUÉ LEER durante el mes de mayo de 2011.
BASES COMPLETAS: Se pueden consultar escribiendo al email premioqlvw(arroba)mcediciones. com
Esto se cuenta acerca de Meng Hsie.
Cuando supo que últimamente los artistas jóvenes se ejercitaban en colocarse cabeza abajo, decían que para ensayar una nueva visión, inmediatamente Meng Hsie practicó también este ejercicio. Y después de probarlo un rato declaró a sus discípulos:
-Cuando me coloco cabeza abajo se me presenta el mundo bajo un aspecto nuevo y más hermoso.
Esto se comentó, y los jóvenes artistas se ufanaban no poco de que el anciano maestro hubiese respaldado así sus experimentos.
Se sabía que apenas hablaba, y que enseñaba a sus discípulos no mediante doctrinas sino con su simple presencia y su ejemplo. Por eso sus manifestaciones llamaban mucho la atención y se difundían por todas partes.
Poco después de que aquellas palabras suyas hubiesen hecho las delicias de los innovadores y sorprendido e incluso indignado a muchos de los antiguos, se supo que había hablado otra vez. Contaban que había dicho:
-Es bueno que el hombre tenga dos piernas, porque ponerse cabeza abajo no favorece la salud. Además, cuando se incorpora el que estuvo cabeza abajo el mundo se le representa doblemente más hermoso que antes.
Estas palabras del maestro escandalizaron a los jóvenes antipodistas, que se sintieron traicionados o burlados, y también a los mandarines.
-Tal día dice Meng Hsie tal cosa, y al día siguiente dice lo contrario -comentaban los mandarines-. Es imposible que ambas sean verdaderas. ¿Quién hace caso del anciano cuando le flaquea el entendimiento?
Algunos fueron a contarle al maestro lo que decían de él tanto los innovadores como los mandarines. Él se limitó a reír. Y como sus seguidores le demandaran una explicación, dijo:
-La realidad existe, pequeños míos, y ésa es incontrovertible. Verdades, en cambio, es decir, opiniones acerca de la realidad expresadas mediante palabras, hay muchas, y todas ellas son tan verdaderas como falsas.
Y por mucho que insistieron, los discípulos no consiguieron sacarle una palabra más.
Resumen de la editorial: "A través del destino de tres mujeres que se rebelan contra un orden social injusto y los prejuicios de una pequeña ciudad, Kathryn Stockett firma una primera novela conmovedora, un gran éxito de público y crítica, llamado a convertirse en un clásico contemporáneo. Skeeter, de veintidós años, ha regresado a su casa en Jackson, en el sur de Estados Unidos, tras terminar sus estudios en la Universidad de Misisipi. Pero como estamos en 1962, su madre no descansará hasta que no vea a su hija con una alianza en la mano.
Aibileen es una criada negra. Una mujer sabia e imponente que ha criado a diecisiete niños blancos. Tras perder a su propio hijo, que murió mientras sus capataces blancos miraban hacia otro lado, siente que algo ha cambiado en su interior. Se vuelca en la educación de la niña que tiene a su cargo, aunque es consciente de que terminarán separándose con el tiempo. Minny, la mejor amiga de Aibileen, es bajita, gordita y probablemente la mujer con la lengua más larga de todo Misisipi. Cocina como nadie, pero no puede controlar sus palabras, así que pierde otro empleo. Por fin parece encontrar su sitio trabajando para una recién llegada a la ciudad que todavía no conoce su fama.
A pesar de lo distintas que son entre sí, estas tres mujeres acabarán uniéndose para llevar a cabo un proyecto clandestino que supondrá un riesgo para todas. ¿Y por qué? Porque se ahogan dentro de los límites que les impone su ciudad y su tiempo. Y, a veces, las barreras están para saltárselas."
Libro empezado por recomendación, por el título y la portada reconozco que nunca me habría enganchado. Está ambientada en Mississippi en la década de los sesenta, una época en la que la segregación racial estaba totalmente instaurada y tan solo había unos tímidos intentos de cambiar la situación (sentadas, manifestaciones pacíficas...)
Las protagonistas de la novela tratan de cambiar la situación. Son blancas y negras y para ellas no existen estas diferencias que todo el mundo pretende ver.
Es una novela agridulce, está plagada de comentarios irónicos y momentos divertidos, pero el fondo muestra escenas tan duras que a pesar de las situaciones cómicas es imposible no acabar con un cierto regusto amargo en la boca. Pero no es triste, los momentos de humor alivian el dramatismo. Es de agradecer que la autora no se hara recreado en las situaciones, el libro es fácil de leer y ameno, y no cae en ningún momento en el morbo o la exageración.
La forma en la que se ha escrito la novela la hace muy ágil. Alterna las historias de varias de sus tres protagonistas principales, y hace especial mención a los detalles: Lo que comen, lo que visten, los paisajes que les rodean.... Da la sensación de estar inmersa en la situación, es muy sencillo recrear la escena.
En resumen, una historia de mujeres valientes, con un punto de humor para olvidar lo que tienen en sus casas...
Y por si os habéis quedado con ganas de más, os dejo la dirección del site creado por la editorial para esta novela: http://www.criadasysenoras.es/
El escritor Juergen Neffe está promoviendo un nuevo formato digital multimedia para leer: un libro electrónico sin principio ni final que se llena con información complementaria sobre la que los lectores pueden hacer click si quieren más detalles.
El texto original del autor aparece en el centro de la pantalla, y columnas en cada lado amplían la experiencia del lector ofreciendo a notas informativas sobre el texto, como fotos relevantes, mapas, diagramas, notas, enlaces seleccionados y libros relacionados, que se mueven con el texto, además de poder cambiar el idioma del texto en cualquier punto de la lectura.

"Si estás leyendo y te das cuenta que no sabes dónde está Tombuctú o por qué Nietzsche y Wagner se pelearon, puedes encontrar la respuesta justo ahí mirando a la izquierda o derecha", declaró Neffe.
El libroide permitirá a los autores publicar sus textos de forma independiente, mientras que los lectores podrán intercambiar información y discutir el texto que están leyendo con otras personas de todo el mundo, explicó Neffe.
Este libroide es la primera aplicación a los nuevos dispositivos de los libros hipermedia, de los que ya os hablé hace un tiempo, y llegan a un precio bastante asequible, unos 11 dólares (8 euros).

Niña rebeca de entretiempo azul,
las coletas de paso, purpurina
militante de todo laberinto,
al fondo la tristeza cual punto cardinal.
Niña collage de retal y organdí,
adiestrada en burbujas, no creyente
de los cuentos de hadas, de los magos;
superficie rasposa de rodilla y frontera.
Niña selva y safari, calentura
pequeña medio oculta en los rincones,
acantilado y semáforo en rojo,
caracola sin playa, muro de agua el destino.
Algunos de vosotros a veces me preguntáis cómo podéis enteraros de los concursos literarios que se van a celebrar y cómo participar. Cada concurso pone sus propias normas, en algunos tendréis que presentar la obra en persona y en otros podréis enviar simplemente un email, así que lo que necesitáis es una web en la que poder encontrar información sobre los concursos que os interesan. Aunque en este blog se publican en ocasiones los concursos próximos, es mejor que conozcáis páginas que se dediquen exclusivamente a recoger esta información, y un buen ejemplo de ello es Guía de concursos.
La página está creada por Javier de Ríos, un autor del que tal vez ya habéis leído algún microrrelato o incluso os habéis descargado su libro Cuentos para gente impaciente, y se puso en marcha hace ya cinco años.
En la web, en formato blog, podréis encontrar las bases de cada concurso, ya sea nacional o internacional, los fallos, entregas de premios y cualquier otra información sobre estos certámenes. Los premios que se recogen abarcan todas las categorías literarias: poesía, relato corto, novela, comic, ensayo, cartas de amor, coplas, trabajo periodístico...
Si lo preferís podéis suscribiros y recibir la información en vuestro email o, para los que usáis Facebook, seguir su página en la red social: http://www.facebook.com/guiadeconcursosliterarios
En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre le escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió:
-Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios.
Resumen de la editorial: "Evangeline era una niña cuando su padre la dejó a cargo de las Hermanas Franciscanas de la Perpetua Adoración, en el Convento de St. Rose, cerca de Nueva York. Ahora, con veintitrés años, el descubrimiento de una carta de 1943 la sumerge en una historia secreta que se remonta a miles de años: el antiguo confl icto entre la Sociedad de los Angelólogos y los Nefi lim, descendientes de la unión de los ángeles y los hombres, unas criaturas de monstruosa belleza. Los Nefi lim, que han ido perdiendo lentamente su poder y grandeza de antaño, ansían descubrir los secretos que esconde esta carta, ya que podrían llevarles a su salvación y así conseguirían perpetuar la guerra en el mundo y dominar a la humanidad. Generaciones de angelólogos han dedicado sus vidas a intentar detenerlos. La hermana Evangeline, con la ayuda de Verlaine, un joven historiador, pronto se encontrará en el centro de este confl icto que los llevará desde el bucólico convento a orillas del Hudson hasta los rincones más exquisitos de Nueva York, pasando por el cementerio de Montparnasse y las remotas montañas de Bulgaria."
Con este libro llegó una campaña de marketing tremenda. Hubo un momento que en cualquier web o blog o foro sobre libros escuchaba hablar sobre este libro. Tanto que terminé por aburrir a mis amigos, hasta que uno de ellos me lo consiguió. La promoción decía: "El mundo está a punto de descubrir el poder irresistible, la belleza misteriosa y el sorprendente secreto que habita entre las páginas de Angelology". Y una frase "Fascinante y cautivadora... Una vez hayas entrado en el absorbente mundo de Angelology pensarás... ¿Vampiros? ¿A quién le importan los vampiros?" (de People Magazine). Como llevaba un tiempo leyendo historias de vampiros (si casi no se podía encontrar otra cosa...) y solo una me había convencido (La invitación, muy recomendable), pensé que era buen momento para leerlo.
Si el tema os interesa y tenéis curiosidad por saber más sobre los ángeles, este es vuestro libro. Está muy documentado, y cuenta con muchos detalles algunas teorías sobre su creación o su caída. Incluso los detalles de las plumas de sus alas y sus instrumentos musicales. Una mezcla de estudio y novela, con frecuentes referencias a la Biblia y el apócrifo libro de Enoch, con gran respeto para todas las creencias.
Se presenta como un thriller sobrenatural, no como un libro de fantasía sino como uno de suspense. No es un libro con grandes sobresaltos, sino que mantiene una ligera tensión a lo largo de las páginas. Diría que es más bien una novela de aventuras, que forma parte de una trilogía, y en principio la acción y el climax parece que se reservan para los siguientes.
En esta primera parte se presenta la historia, por qué se llega a donde se llega y quienes han contribuído a alcanzar esa situación. La principal relación que se aborda es la de la joven monja Evangeline y Verlaine, el investigador contratado por la familia Grigori, aunque hay otros muchos personajes que forman parte ineludible de la trama: ángeles, angelólogos, un sacerdote expedicionario del siglo X...
La historia se ha dividido en tres esferas o capítulos. La segunda esfera, tras la presentación de los personajes principales, recoge los recuerdos de una de las angelólogas narrados a Evangeline. Es claramente la parte más lenta, llena de detalles que en ocasiones parecen no tener ninguna importancia y que ralentizan el desarrollo de la trama. Y hablamos de casi doscientas páginas... Es en este momento cuando quizá os replanteeis si merece la pena continuar la lectura o no, pero superada esta parte la historia de nuevo coge ritmo.
Un detalle que no me convenció de este libro fue los saltos temporales que da la historia, y la imprecisión en este sentido. En momentos me encontraba totalmente perdida. Leía un pasaje y pensaba que había sucedido en unos días cuando en realidad habían pasado años. Todo hay que decir que el libro lo he leído en apenas unos días en viajes de tren y autobús sobre todo.
En cualquier caso es un libro fácil de leer, con un lenguaje sencillo, una historia original y personajes sobrenaturales que para variar, no son vampiros, y eso debería ser un punto positivo... Para que os hagáis una idea sobre la escritura, recuerda a libros como El ocho o a las novelas de Dan Brown, y diría que casi con toda seguridad en un futuro se llevará al cine. De momento habrá que esperar a ver cómo termina cuando podamos leer el resto de la trilogía, porque eso sí os lo puedo decir, tiene un final abierto y el segundo libro aún no se ha terminado de escribir... Mientras llega yo voy a buscar Hush Hush, de Becca Fitzpatrick, también con ángeles como protagonistas y del que he leído buenas críticas. ¿Os apuntáis?
Con el comienzo de nuevo de la universidad y sus clases creo que esta página os podrá resultar útil. Muchas veces resulta complicado encontrar uno de los ejemplares que el profesor quiere que leamos. Para solucionar este problema se ha creado Unebook.
La web reune las publicaciones en formato electrónico de editoriales universitarias, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Ya se pueden encontrar más de 500 obras, pertenecientes a las universidades de Alicante, Autónoma y Complutense de Madrid, Jaume I, Lérida, Murcia, Politécnica de Cataluña, Pontificia de Comillas, San Pablo CEU, Santiago de Compostela, Valencia, Valladolid, Zaragoza y la UNED.
Eso sí, no funciona en Google Chrome así que tendréis que utilizar otro navegador si queréis comprar (o simplemente visualizar) los libros. ¿Qué le pasa a las plataformas de libros que no se apañan a Chrome? Es el tercer navegador más usado, habría que empezar a adaptarse o se arriesgan a que los usuarios decidan buscar una alternativa de la competencia que sí funcione...

Diciembre es esta imagen
de la lluvia cayendo con rumor de tren,
con un olor difuso a carbonilla y campo.
Diciembre es un jardín, es una plaza
hundida en la ciudad,
al final de una noche,
y la visión en fuga de unos soportales.
Y los ojos inmensos
—tizones agrandados—
en la cara morena de una cría
temblando igual que un gorrión mojado.
En la mano sostiene unos zapatos rojos,
elegantes, flamantes como un pájaro exótico.
El cielo es negro y gris
y rosa en sus extremos,
la luz de las farolas un resto amarillento.
Bajo un golpe de lluvia, llorando, yo atravieso,
innoble como un trapo, mojado hasta los cuernos.
Ya se ha estrenado el canal Youtube para El Quijote, iniciativa conjunta de la Real Academia Española (RAE) y YouTube que propone a los internautas de todo el mundo recrear en vídeo y subir a la Red una lectura completa de El Quijote.
El clásico se ha dividido en 2149 fragmentos y cualquier usuario puede subir un video al canal realizando la lectura de uno de ellos. No es obligatorio aparecer ante la cámara, sino que se puede elegir una forma de expresión distinta, aunque en ese caso será necesario incluir subtítulos en español, fieles a la edición de la obra elegida.
Los usuarios que deseen tomar parte en la iniciativa deberán entrar en la página www.youtube.com/elquijote y hacer clic en el botón «participar». En ese momento se les asignará automáticamente un fragmento y dispondrán de 6 horas para preparar un video con su lectura y subirlo a YouTube. Si transcurrido este tiempo no hubiesen colgado la grabación, el texto se adjudicará a otro usuario. La supervisión de los videos seleccionados estará a cargo de un equipo del Centro de Estudios Cervantinos, con sede en Alcalá de Henares (Madrid).
El proyecto finalizará en el momento en que los usuarios de YouTube completen la lectura de los 2149 fragmentos en los que se ha dividido la novela, que después quedará en la plataforma YouTube a disposición de todos los cibernautas por tiempo indefinido.
Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.
Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.
Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:
-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo
-Y anda bien -le pregunté
-Atrasa un poco -reconoció.