viernes, 24 de septiembre de 2010

Al ver la carta de su hijo delante de la puerta, se quedó inmóvil, analizando si era conveniente leer el contenido. Postergó la decisión y llevó el sobre al escritorio. A la mañana siguiente lo miró fijamente durante varios segundos y decidió demorar la lectura. Olvidada, la carta terminó oculta debajo de un edificio de temas postergados y su hijo fue olvidado hasta el día en que tocó el timbre. Lo vio desde la ventana y decidió no atender. Volvió a su despacho, abrió la carta, leyó el emotivo intento de reconciliación y con lágrimas en la mejilla se apresuró a recibirlo. Atravesó su escritorio y corrió a lo largo de la casa. Pasó a través de las paredes, de los muebles y por último, a través de la puerta de entrada. Sus brazos, ansiosos, traspasaban continuamente el cuerpo de su hijo cada vez que intentaba inútilmente darle un abrazo.


Publicado por V @ 8:27  | Microrrelatos y cuentos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios