sábado, 08 de mayo de 2010
Hoy en España no hay Corte, por expresa decisión del rey don Juan Carlos, y el protocolo que se impone es el obligado habitualmente ante personalidades reales. Y nada más. Pero antaño, el protocolo palaciego en la Corte de España siempre pecó de rígido y problemático. Hasta tal punto esto fue así que Felipe III murió... por culpa del protocolo.

Solía despachar a diario la correspondencia en sus aposentos y estando en este menester en los últimos días de marzo de 1621, sintió frío. Para calentar la estancia el furrier colocó un brasero tan cerca de la mesa del rey que, al poco rato, empezó a sudar bajo sus ropas adamascadas y a sentirse mal. Al advertirlo, su mayordomo el marqués de Tovar se lo comunicó al duque de Sessa, oficial de semana, para que ordenase alejar el brasero de la mesa del Rey.  Este se negó a hacerlo, alegando que era tarea y función del oficial de furriería, el duque de Uceda, y no podía entremeterse en su cometido.  

Se mandó llamar, pues,  a Uceda, que se hallaba muy lejos de Palacio y tardó bastante en llegar. Para cuando entró a los aposentos reales y retiró el brasero, el monarca era ya víctima de una erisipela febril por la excesiva sudoración bajo ropajes tan tupidos y gruesos.

El último día de marzo, Felipe III fallecía en el Alcázar madrileño, por culpa del rígido y exagerado protocolo de la Corte Española que impidió... ¡mover  un simple brasero.!



(Del blog Sal o Pimienta)
Publicado por 100x100reader @ 21:15  | De todo un poco
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