viernes, 09 de abril de 2010
Bajo el hielo del glaciar hay una figura aquietada en­tre dos pasos. Toneladas de frío lograron aplacar su afán viajero y su hambre de cordilleras y hasta su rostro quedó convencido y pleno con la sonrisa del estoico. La cristalización alcanzó hasta lo más hondo, y es aquí donde se da la paradoja: que en el centro de su mente un pensamiento breve quedó paralizado («Lejos... más le­jos...») y su terca persistencia hoy empuja al glaciar la­dera abajo.
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