Viernes, 29 de enero de 2010
En cuanto sonó el teléfono supo de quién se trataba, pues era aquélla una línea directa que únicamente el Presidente utilizaba.

—¿Sí, señor?

—El general Al Humaid, Alí... —La voz luchaba por mantener la calma, pero se la advertía claramente alterada— acaba de llamarme rogándome, “respetuosamente”, que convoque elecciones a la mayor brevedad para evitar derramamiento de sangre.

—¡Al Humaid! —Alí Madani comprobó que su voz se alteraba igualmente, y que igualmente trataba, sin éxito, de fingir una calma que no sentía—. Pero si Al Humaid se lo debe todo a usted... Era un oscuro comandante que jamás...



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Y recuerda que el lunes el blog vuelve a su rutina habitual...

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Jueves, 28 de enero de 2010
Era un autobús desvencijado. El más cochambroso, renqueante y sucio vehículo de transporte público que hubiese intentado correr jamás sobre carretera alguna, aunque en verdad aquél no intentaba en modo alguno correr, sino que se limitaba a avanzar asmáticamente a una máxima de cincuenta kilómetros por hora a través de llanuras de matojos, contrafuertes rocosos e infinitos pedregales.

Aproximadamente cada dos horas, se veía obligado a detenerse por culpa de un reventón o porque las ruedas se atascaban en una trampa de arena, y entonces, conductor y cobrador obligaban a descender a los pasajeros, cabras, perros y cestas de gallinas incluidas, incitándoles a empujar o señalándoles que se sentaran a esperar al borde del camino mientras cambiaban la rueda.



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Mi?rcoles, 27 de enero de 2010
La puerta se abrió de golpe y el sargento Malik-el-Haideri saltó del camastro abalanzándose sobre la pistola que descansaba sobre la mesa, pero se detuvo al distinguir la silueta del teniente Razmán recortándose contra la luminosidad violenta del exterior.

Semidesnudo como se encontraba, hizo un esfuerzo por mantener su aire marcial, se cuadró rígidamente, saludando e intentando entrechocar los tacones, lo que resultó en verdad ridículo aunque el rostro del teniente mostró a las claras que no estaba de humor como para captar la comicidad de la situación, y en cuanto sus ojos se acostumbraron a la penumbra de la estancia, se aproximó a una de las ventanas, abrió los postigos, y señaló con un gesto de su fusta el barracón vecino:

—¿Quién es esa gente que está ahí encerrada, sargento? —quiso saber.



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Martes, 26 de enero de 2010
—En ese mismo camastro en el que estás sentada, y aproximadamente a esta misma hora, cuando todos dormían, tu marido degolló a mi capitán, y comenzó a complicarse la vida aún más de lo que la tenía.

Laila hizo un gesto instintivo para levantarse del camastro, pero el sargento Malik-el-Haideri colocó con fuerza la mano sobre su hombro y la obligó a permanecer en el sitio.

—No te he dado permiso para moverte —puntualizó—. Y tienes que ir acostumbrándote a la idea de que en Adoras, y hasta que envíen a un nuevo oficial, nada se mueve sin mi permiso.

Atravesó la estancia, tomó asiento en la vieja mecedora en la que el difunto Kaleb-el-Fasi pasaba horas leyendo y balanceándose y se impulsó, despacio, sin apartar la vista de la muchacha.

—Eres muy bonita... —dijo al fin con la voz un poco ronca—. La targuí más bonita que he visto nunca... ¿Cuántos años tienes?



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Lunes, 25 de enero de 2010
El cabo Abdel Osmán abrió los ojos y, de inmediato, maldijo su suerte. El sol se había alzado ya una cuarta en el horizonte y calentaba la tierra, o mejor dicho, la arena blanca y dura, casi petrificada, de la llanura; aquella llanura torturante en cuyos límites llevaban seis días acampados, sufriendo el calor más insoportable que recordaba de sus trece años de servicio en el desierto.

Se volvió a medias, ladeando apenas el rostro, y observó al gordo Kader que aún dormía resoplando agitado, como si, inconscientemente, luchara por continuar en el mundo de los sueños, negándose a volver a la puerca realidad que les rodeaba.



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Viernes, 22 de enero de 2010
Lo vio con la primera claridad del día, creyó que su vista le engañaba, pero a medida que se fue aproximando se convenció de que era “algo”, no sabía qué, que destacaba apenas sobre la planicie sin un solo accidente.

El sol comenzaba a calentar y comprendió que había llegado el momento de detenerse y montar el campamento antes de que la camella, que cojeaba desde la medianoche, se tumbara definitivamente, pero la curiosidad pudo más que él, exigió a las bestias un nuevo esfuerzo y dejó por último que se detuvieran a un kilómetro de distancia.

Extendió la lona sobre los animales y el hombre que no era ya más que un peso muerto, se cercioró de que todo estaba en orden, y continuó a pie, sin prisas, esforzándose por tomárselo con calma y no derrochar sus escasas fuerzas, pese a que su deseo hubiera sido echar a correr y llegar cuanto antes.



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Jueves, 21 de enero de 2010
Eran otras las luces, pero no otras las sombras, pues no existía objeto alguno capaz de proyectar la menor sombra sobre la blanca planicie ilimitada.

Las últimas dunas morían mansamente, como lenguas sedientas o como largas olas de un mar sin fuerza sobre una playa sin fondo, caprichosa frontera que la Naturaleza se había impuesto sin razón aparente; sin explicar a nadie por qué acababa allí la arena, o por qué comenzaba la llanura. Y aumentó el silencio, a tal punto, que Abdul escuchó el golpear de su corazón acelerado, e incluso el palpitar de la sangre en sus sienes.

Cerró los ojos en inútil intento de alejar de su mente semejante paisaje de pesadilla, pero se había clavado de tal forma en su retina, que tuvo la certeza que sería aquella la última visión que tendría en su agonía.



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Mi?rcoles, 20 de enero de 2010
Era un mar de cuerpos de mujeres desnudas, tumbadas al sol, con la piel dorada, a veces cobriza y hasta roja en las crestas de las cumbres más viejas, pero eran cuerpos inmensos, con pechos que superaban a veces los doscientos metros de altura, traseros de un kilómetro de diámetro, y largas piernas, inacabables piernas, inaccesibles piernas, por las que los camellos ascendían pesadamente, resbalando, chillando y mordiendo, amenazando a cada instante con flanquear y caer redondos hasta el pie de la duna para no levantarse más y concluir devorados por la arena.

Los gassi, los pasos entre una y otra duna, se convertían en un tortuoso laberinto, inexistentes la mayoría de las veces, o que volvían al punto de partida muchas otras y tan sólo el increíble sentido de orientación de Gacel y la seguridad de su criterio, les permitía avanzar hacia el Sur día tras día, sin retornar sobre sus propios pasos.



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Martes, 19 de enero de 2010
Le despertaron la luz y el silencio.

El sol penetraba a raudales por la enrejada ventana, iluminando las largas hileras de libros y sacando destellos plateados al cenicero de latón repleto de colillas, pero, pese a ello, pese a lo avanzado de la hora, no escuchó ni un rumor en el patio, y estaba seguro de que no había sonado, como cada amanecer, el toque de diana.

Le inquietó aquel silencio. Los años le habían acostumbrado a una rutina militar y rígida en la que cada uno de sus actos se encontraba regido por un horario espartano, y advertir de improviso que ese horario se alteraba y no le habían hecho saltar de la cama a las seis en punto, con media hora de tiempo para asearse antes de que sirvieran el desayuno, le producía una inexplicable desazón.



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Lunes, 18 de enero de 2010
—Abdul-el-Kebir fue el artífice de nuestra Independencia, un héroe nacional, el primer Presidente de la nación, como tal nación. ¿Realmente es posible que nunca oyeras hablar de él?

—Nunca.

—¿Dónde has estado metido todos estos años?

—En el desierto... Nadie fue a contarme lo que ocurría.

—¿No pasaban viajeros por tu campamento?

—Pocos... Y teníamos cosas más importantes de las que hablar. ¿Qué pasó con Abdul-el-Kebir?



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Viernes, 15 de enero de 2010
“Las palmeras aman tener la cabeza en el fuego y los pies en el agua”, aseguraba un viejo adagio, y ante sus ojos se ofrecía la confirmación del proverbio, pues extendiéndose hasta casi perderse de vista en la distancia, alzaban sus penachos al cielo más de veinte mil palmeras, sin importarles que el calor resultara bochornoso, ya que sus raíces se hundían firmemente en el agua clara y fresca de cien manantiales e innumerables pozos.

Era en verdad un hermoso espectáculo, incluso con el sol cayendo a plomo, vertical y justiciero, desolador y agobiante, porque dentro, en el inmenso despacho oscuro, protegido del exterior por gruesos cristales y suaves visillos inmaculadamente blancos, el aire acondicionado mantenía siempre, de día y de noche, durante todas las épocas del año, la misma temperatura, casi gélida, que el gobernador Hassán-ben-Koufra exigía, sin discusión posible, para trabajar a gusto.



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Jueves, 14 de enero de 2010
Al amanecer, el teniente Razmán se detuvo a repostar gasolina, vació el bidón, y lo volteó para que Gacel comprobara que no mentía.

—Se está acabando... —le hizo notar.

El targuí no respondió. Sentado en la trasera del vehículo observaba el horizonte que iba tomando forma, y la línea negra que se dibujaba ante ellos, quebrada e inarmónica. El macizo de Sidi-el- Madia se alzaba de improviso en la llanura, rojo y ocre, fruto de un inmenso cataclismo anterior probablemente a la aparición del hombre sobre el planeta, como si una mano monstruosa lo hubiera empujado desde los centros mismos de la tierra colocándolo allí por arte de brujería.



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Mi?rcoles, 13 de enero de 2010
Los cuatro hombres emprendieron la marcha al unísono, uno desde cada punto cardinal, con la orden expresa de coincidir a la medianoche sobre el targuí, acabar con él si no había otro remedio, y reemprender el camino para estar de regreso al amanecer.

El sargento mayor Malik-el-Haideri, no permitió que nadie ocupase su puesto, y antes de que los mosquitos comenzaran a despertar siguió las huellas que el fugitivo había dejado en el borde de la sebhka, y se adentró en ella, con su rifle en bandolera, aun convencido como estaba de que el sucio “Hijo del Viento” se había esfumado.

Cuándo lo había hecho, o dónde se encontraba en esos momentos, no podía saberlo, y se preguntaba cómo se las arreglaría para escapar a pie y sin agua del inmenso erg, si el pozo más próximo se encontraba a más de cien kilómetros, cerca ya de las estribaciones de las montañas de Sidi-elMadia.



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Martes, 12 de enero de 2010
—Está muerto... —masculló el teniente Razmán—. Tiene que estar muerto. Hace ya cuatro días que no se mueve y se diría que se ha convertido en una estatua de sal.

—¿Quiere que vaya a comprobarlo...? —se ofreció uno de los soldados, consciente de que su ofrecimiento podía suponerle los galones de cabo—. El calor comienza a disminuir...

Negó una y otra vez mientras encendía la cachimba con ayuda de un mechero de larga y gruesa cuerda, mechero de marino, los más prácticos en aquellas tierras de arena y viento.

—No me fío de ese targuí... —comentó. No quiero que te mate en la oscuridad.



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Lunes, 11 de enero de 2010
Alcanzó el borde de la salina cuando el sol estaba ya muy alto, calentaba la tierra y empujaba a los mosquitos a sus refugios, bajo las piedras y los matojos.

Se detuvo y observó la blanca extensión que brillaba como un espejo a veinte metros bajo sus pies, hiriendo los ojos y obligándole a entrecerrarlos, pues la sal devolvía la luz con furia, amenazando con quemarle las pupilas aun acostumbrado como estaba, desde niño, a la violenta luminosidad de las arenas del desierto.

Por fin, buscó una gruesa piedra, la alzó con las dos manos y la dejó caer al fondo. Como esperaba, al llegar abajo la piedra quebró la costra reseca por el sol y desapareció en el acto. Por el hueco que había dejado surgió pronto, borboteando, una masa pastosa de color castaño claro.



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Viernes, 08 de enero de 2010
Caía la tarde cuando el asistente del capitán descubrió el cadáver.

Sus gritos, casi histéricos, se desparramaron por el oasis, e hicieron que los hombres arrojaran al suelo sus palas y acudieran corriendo para amontonarse en la pequeña barraca, de la que el sargento mayor tuvo que expulsarlos a empujones.

Cuando se quedó al fin solo ante el cadáver y el charco de sangre cubierto de moscas, tomó asiento en un taburete y maldijo su suerte. El hijo de perra que había hecho aquello podía haber esperado cuatro días.



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Jueves, 07 de enero de 2010
El capitán Kaleb-el-Fasi dormía siempre hasta que el sol comenzaba a recalentar el techo de su cabaña, lo cual venía a ocurrir sobre las nueve de la mañana pese a que la había mandado levantar en el punto más tupido del palmeral, tan a la sombra, que a menudo le despertaba sobresaltado el golpear de los dátiles sobre las planchas metálicas.

A esa hora rezaba sus oraciones a dos metros de la puerta y se zambullía en el abrevadero del pozo grande, donde el sargento Malik, acudía a darle el parte de las incidencias, aunque, en realidad, escasas eran las incidencias que se presentaban.

Aquella mañana, sin embargo, su subordinado parecía deseoso de hablar, animado por un entusiasmo poco acostumbrado en él.



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Mi?rcoles, 06 de enero de 2010



Dibujado por Enrique Bonet, visto en Irreverendos.

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El puesto militar de Adoras ocupaba un oasis en forma de triángulo —poco más de un centenar de palmeras y cuatro pozos—, en el corazón mismo de un extensísimo río de dunas, por lo que podía considerarse un auténtico milagro de supervivencia amenazado constantemente por la arena que lo cercaba protegiéndolo del viento, pero convirtiéndolo, por ello mismo, en una especie de horno que en los mediodías alcanzaba a menudo los sesenta grados centígrados.

Las tres docenas de soldados que componían la guarnición, pasaban la mitad de su vida maldiciendo su suerte a la sombra de las palmeras, y la otra mitad paleando arena en un desesperado esfuerzo por hacerla retroceder y mantener libre la estrecha pista de tierra que les permitía comunicarse con el mundo exterior, recibiendo provisiones y correspondencia una vez cada dos meses.



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Martes, 05 de enero de 2010
El amanecer llegó precedido por el viento.

Siempre el viento anunciaba el alba en la llanura y su ulular en la noche parecía convertirse en llanto amargo una hora antes de que el primer rayo de luz hiciera su aparición en el cielo, más allá de las rocosas laderas del Huaila.

Escuchó con los ojos abiertos, contemplando el techo de su jaima con sus rayas tan conocidas y creyó estar viendo los matojos corriendo sueltos sobre la arena y las rocas, siempre con prisa, siempre queriendo encontrar un lugar al que aferrarse, un hogar definitivo que les acogiese y les librase de aquel eterno vagar sindestino de un lado a otro de África.



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Lunes, 04 de enero de 2010
Aparecieron ante su jaima una mañana. El anciano se encontraba en las puertas mismas de la muerte y el joven, que le había transportado a hombros los dos últimos días, apenas pudo susurrar unas palabras antes de caer sin sentido.

Ordenó que acondicionaran para ellos la mejor de las tiendas y sus esclavos y sus hijos los atendieron día y noche en una desesperada batalla por conseguir, contra toda lógica, que continuasen en el mundo de los vivos.

Sin camellos, sin agua, sin guías, y no perteneciendo a una raza del desierto parecía un milagro de los Cielos que hubieran logrado sobrevivir al pesado y denso sirocco de los últimos días.


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Viernes, 01 de enero de 2010
“Alá es Grande. Alabado sea”.

Hace ya muchos años, cuando yo era joven y mis piernas me llevaban durante largas jornadas sobre la arena y la piedra sin sentir cansancio, ocurrió que en cierta ocasión me dijeron que había enfermado mi hermano menor, y aunque tres días de camino separaban mi jaima de la suya, pudo más el amor que por él sentía, que la pereza, y emprendí la marcha sin temor, pues como he dicho, era joven y fuerte y nada espantaba mi ánimo.

Había llegado el anochecer del segundo día cuando encontré un campo de muy elevadas dunas, a media jornada de marcha de la tumba del Santón Omar Ibrahím, y subí a una de ellas intentando avistar un lugar habitado en el que pedir hospitalidad, pero sucedió que no distinguí ninguno, y decidí por tanto detenerme allí y pasar la noche guardado del viento.

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Cada día podréis leer uno o dos capítulos completos de la novela Tuareg, en función de su extensión. Los fragmentos suponen unas 10 o 15 páginas aproximadamente, y la novela se compone de 29 capítulos (220 páginas en libro publicado)

01/01/2010
Capítulo I
Capítulo II

04/01/2010
Capítulo III
Capítulo IV

05/01/2010
Capítulo V
Capítulo VI

06/01/2010
Capítulo VII

07/01/2010
Capítulo VIII

08/01/2010
Capítulo IX
Capítulo X

11/01/2010
Capítulo XI
Capítulo XII

12/01/2010
Capítulo XIII
Capítulo XIV

13/01/2010
Capítulo XV

14/01/2010
Capítulo XVI
15/01/2010
Capítulo XVII

18/01/2010
Capítulo XVIII

19/01/2010
Capítulo XIX

20/01/2010
Capítulo XX

21/01/2010
Capítulo XXI

22/01/2010
Capítulo XXII

25/01/2010
Capítulo XXIII

26/01/2010
Capítulo XXIV
Capítulo XXV

27/01/2010
Capítulo XXVI

28/01/2010
Capítulo XXVII

29/01/2010
Capítulo XXVIII
Capítulo XXIX

 

Índice

 

 

CapítuloI................................................................................................7

CapítuloII............................................................................................15

CapítuloIII..........................................................................................19

CapítuloIV..........................................................................................25

CapítuloV............................................................................................31

CapítuloVI..........................................................................................37

CapítuloVII........................................................................................49

CapítuloVIII......................................................................................59

CapítuloIX..........................................................................................69

CapítuloX............................................................................................75

CapítuloXI..........................................................................................89

CapítuloXII........................................................................................97

CapítuloXIII....................................................................................103

CapítuloXIV....................................................................................109

CapítuloXV......................................................................................113

CapítuloXVI....................................................................................123

CapítuloXVII....................................................................................131

CapítuloXVIII..................................................................................141

CapítuloXIX....................................................................................155

CapítuloXX......................................................................................173

CapítuloXXI....................................................................................185

CapítuloXXII....................................................................................205

CapítuloXXIII..................................................................................211

CapítuloXXIV..................................................................................223

CapítuloXXV....................................................................................229

CapítuloXXVI..................................................................................239

CapítuloXXVII................................................................................253

CapítuloXXVIII..............................................................................275

CapítuloXXIX..................................................................................279

 

 


Publicado por V @ 8:27  | Novela: Tuareg
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Comienza un nuevo año y por el momento no voy a poder seguir con el blog. No es que me dure aún la resaca y no esté en condiciones de escribir, sino que este mes tengo otros compromisos que debo atender, ineludiblemente. Eso sí, el 1 de febrero estaré aquí, sin excusas.

No quería que durante este mes os quedárais sin nada que hacer, así que he pensado cómo ocupar ese tiempo que habitualmente utilizáis para leer mi blog y he decido que lo mejor que puedo hacer es ofreceros una novela. Cada día se publicarán algunas páginas, que también podréis descargar y leer offline o en otros dispositivos.

La novela que he elegido es Tuareg, de Alberto Vázquez-Figueroa.

Para quien no la conozca (¿alguien no la conoce?) es una novela que se escribió hace ya algunas décadas, un libro maravilloso que cuenta cómo el protagonista se enfrentará a todo por mantener sus costumbres y tradiciones. El autor, además de narrar una interesantísima historia, describe a la perfección las costumbres y pensamientos de los Tuareg, la dificultad de la vida en el desierto y el poco sentido de algunas acciones de los occidentales. Es un libro de aventuras, pero es mucho más.

El resumen de la editorial indica "Los tuareg constituyen un pueblo altivo cuyo código moral difiere del de los árabes. Auténticos hijos del desierto, los tuareg no tienen rival en cuanto a sobrevivir en las condiciones más adversas. El noble inmouchar Gacel Sayah, protagonista de esta novela, es amo absoluto de una infinita extensión de desierto. Cierto día llegan al campamento dos fugitivos procedentes del norte, y el inmouchar, fiel a las multiseculares y sagradas leyes de la hospitalidad, los acoge. Sin embargo, Gacel ignora que esas mismas leyes le arrastrarán a una aventura mortal… Una apasionante epopeya que es a la vez un canto a uno de los pueblos más singulares del mundo."

Y la sinopsis en Bubok, donde podéis comprar el libro a un precio inmejorable, indica "Dos largas horas permaneció bajo la lluvia, feliz y tiritando, luchando consigo mismo por no volver grupas y regresar a casa, a aprovechar el agua, plantar cebada, esperar la cosecha y disfrutar junto a los suyos de aquel don maravilloso que Alá había querido enviarle quizá como un aviso de que debía quedarse allí, en lo que era su mundo, y olvidar una afrenta que ni todo el agua de aquella inmensa nube podría lavar.Pero Gacel era un targuí; quizá, por desgracia, el último de los auténticos tuareg de la llanura, y tenía por ello plena conciencia de que jamás olvidaría que un hombre indefenso había sido asesinado bajo su techo, y otro, su huésped, le había sido arrebatado por la fuerza.Por eso, cuando la nube se alejó hacia el Sur y el sol de la tarde secó su cuerpo y sus ropas, se vistió de nuevo, ensilló su montura, y reemprendió el camino dando por primera vez la espalda al agua y a la lluvia; a la vida y a la esperanza; a algo que tan sólo una semana atrás, sólo dos días, hubiera colmado de gozo su corazón y el de los suyos."

Estoy segura de que os enganchará tanto como me sucedió a mi. Vázquez-Figueroa ha escrito muchos libros, antes y después de Tuareg. No he leído todos, algunos me han gustado más, otros me han gustado menos, pero éste es el que más me impresionó. Fue el primer libro que lei de este autor, uno de los primeros libros "para adultos" que conseguí en la biblioteca del colegio, y le guardo un cariño especial. La historia es interesante, la narración es una maravilla que engancha desde el principio, es un libro que gusta a todos los que lo leen y además me trae buenos recuerdos, simplemente por eso lo he elegido.

Además, encontré hace unos días unos comentarios de Vázquez-Figueroa acerca de la importancia de que la cultura llegue a todos, y que es más importante un lector que el dinero. Actitud que como no puede ser de otra forma, me parece muy loable. Aunque su proclama data de 2007, en estos días en los que los derechos de autor y las descargas de internet están siendo tan comentadas, creo que merece la pena leer de nuevo la opinión de alguien que tiene las cosas claras, que comprende que el negocio no es lo más importante y que sabe que cuando un trabajo es bueno, los lectores estamos ahí para respaldarlo. Podéis leerla en su blog, en la que también podréis solicitar el envío de sus libros en formato digital si lo deseais.

Por último, solo me queda dar las gracias a Alberto Vázquez-Figueroa por darme permiso para ofreceros su novela en mi blog y animaros a leerla (estoy segura de que os gustará).

Si queréis que os avise por email de que he vuelto y el blog vuelve a ser el de siempre, solo tenéis que enviarme un email con vuestra dirección a



¡Hasta el 1 de febrero!

Publicado por V @ 8:25  | De todo un poco
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