En cuanto sonó el teléfono supo de quién se trataba, pues era aquélla una línea directa que únicamente el Presidente utilizaba.
—¿Sí, señor?
—El general Al Humaid, Alí... —La voz luchaba por mantener la calma, pero se la advertía claramente alterada— acaba de llamarme rogándome, “respetuosamente”, que convoque elecciones a la mayor brevedad para evitar derramamiento de sangre.
—¡Al Humaid! —Alí Madani comprobó que su voz se alteraba igualmente, y que igualmente trataba, sin éxito, de fingir una calma que no sentía—. Pero si Al Humaid se lo debe todo a usted... Era un oscuro comandante que jamás...
[...]
Puedes leer el resto del fragmento
aquí, o descargarlo en PDF
aquí.
Y recuerda que el lunes el blog vuelve a su rutina habitual...