martes, 12 de enero de 2010
—Está muerto... —masculló el teniente Razmán—. Tiene que estar muerto. Hace ya cuatro días que no se mueve y se diría que se ha convertido en una estatua de sal.

—¿Quiere que vaya a comprobarlo...? —se ofreció uno de los soldados, consciente de que su ofrecimiento podía suponerle los galones de cabo—. El calor comienza a disminuir...

Negó una y otra vez mientras encendía la cachimba con ayuda de un mechero de larga y gruesa cuerda, mechero de marino, los más prácticos en aquellas tierras de arena y viento.

—No me fío de ese targuí... —comentó. No quiero que te mate en la oscuridad.



[...]
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Publicado por 100x100reader @ 8:30  | Novela: Tuareg
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