martes, 05 de enero de 2010
El amanecer llegó precedido por el viento.

Siempre el viento anunciaba el alba en la llanura y su ulular en la noche parecía convertirse en llanto amargo una hora antes de que el primer rayo de luz hiciera su aparición en el cielo, más allá de las rocosas laderas del Huaila.

Escuchó con los ojos abiertos, contemplando el techo de su jaima con sus rayas tan conocidas y creyó estar viendo los matojos corriendo sueltos sobre la arena y las rocas, siempre con prisa, siempre queriendo encontrar un lugar al que aferrarse, un hogar definitivo que les acogiese y les librase de aquel eterno vagar sindestino de un lado a otro de África.



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Publicado por 100x100reader @ 8:30  | Novela: Tuareg
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