
Al comprar un ereader (y otros dispositivos, reproductores de música, teléfonos, televisores, juguetes, impresoras...), una de las características que se indica es el soporte (o no) de DRM. DRM es un término genérico que se refiere a la tecnología usada por editoriales y dueños de derechos de autor para limitar el uso de los dispositivos, controlando el acceso a la información.
Estas limitaciones se crearon cuando las posibilidades de compartir datos a través de internet hizo que la industria audiovisual viera amenazada su fuente de ingresos (por la compra del material) e incluso, la viabilidad de su negocio. De este modo podían controlar qué sucedía con el contenido, si se copiaba, distribuía o compartía de alguna forma, y podían recibir una tarifa por cada una de estas copias. Aunque existen varios métodos de control, en general se basan en tres aspectos:
- Detectan quién accede a la obra, cuándo y en qué condiciones, y envían esta información al proveedor de la obra, que decide si este uso es el que se ha pagado o no. Por ejemplo, mediante marcas de agua se podría identificar una canción de la radio, y relacionarla con su dueño real.
- Autorizan o deniegan el acceso a la obra, en función de parámetros que el proveedor decide de forma unilateral. Por ejemplo, un programa asociado al PC en el que se instala, no permitiría que una copia funcionara en otro PC, o un software no funcionaría pasada una fecha concreta.
- Autorizan el acceso, pero con restricciones que decide el proveedor. Por ejemplo, una revista digital que se puede leer todas las veces que se quiera, pero no se puede imprimir, o un disco original que no permite realizar una copia (a pesar de que la ley sí autoriza realizar una copia de seguridad para uso privado).
En el caso de los ebooks, la protección habitual suele restringir la copia y la impresión del texto, con métodos variados desde enlazar la copia del ebook al dueño que lo ha comprado (de modo que sea posible seguir el rastro de cualquier copia hasta la original, y desanime por ello al dueño a distribuirlo. Y ésto incluiría hacer una copia para una persona del círculo íntimo del dueño: hijos, esposos...) o simplemente, desactivar opciones básicas como copiar información al portapapeles. Y aparte del uso común de un ebook, el DRM presenta restricciones en otros ámbitos, como dificultar las citas de textos (vital para periodistas y bloggers), impedir pasar el texto a Braille o convertirlo en audiolibro, o impedir la creación de obras derivadas (lo que dificulta seriamente la traducción de obras publicadas solo en determinados países).
El DRM ha sido usado por grandes compañías proveedoras de contenidos varios como Sony (que este mes ha decidido dejar de vender libros con DRM a finales de año) o Apple (que ha renunciado recientemente al uso de DRM en las canciones que vende, y que suponen el 80% del mercado de venta de música por internet). Otras empresas como Microsoft mantienen el DRM.
Como alternativas DRM, existen proyectos como el de Google, que consistiría en comprar acceso (o un servicio) en vez de contenido. De este modo, en vez de comprar el ejemplar del ebook y descargarlo en el dispositivo, el usuario podría acceder desde cualquier lugar con acceso a internet y en cualquier momento, autentificándose de forma correcta. Es decir, pagaría por acceder a ese libro con libertad. Aún está por ver quién tendría en este caso el control del libro, puesto que si lo tuviera Google, podría suceder en cualquier momento situaciones como la de
Amazon y 1984.